FICX, cine como terapia, redención y catarsis

Sabela Pillado

CULTURA

Fotograma de la película «Amor sin ciudad», dirigida por Pedro Sara y Violeta Pagán
Fotograma de la película «Amor sin ciudad», dirigida por Pedro Sara y Violeta Pagán

El Festival Internacional de Cine de Gijón abre las pantallas a la realidad social y a la reflexión sobre el dolor íntimo y también el histórico como vía de exorcismo

28 nov 2020 . Actualizado a las 09:49 h.

El cine, aparte de como hecho lúdico, puede ser afrontado como medio de acercamiento, canalización, reflexión e incluso purgación de diversos temas, preocupaciones o situaciones, un hecho que implica tanto a los creadores que lo exorcizan como al propio espectador que lo recibe.

A este tipo de cine es al que nos acerca el FICX (Festival Internacional de Cine de Gijón), y buen ejemplo de ello es Amor sin ciudad (Pedro Sara y Violeta Pagán, España, 2020), ejercicio de catarsis para toda una serie de estudiantes de la Escuela Dentro Cine (Madrid) y Unocine (Salamanca). De la mano de sus profesores (y directores del filme), estos jóvenes en situación de vulnerabilidad escriben, interpretan y realizan unas historias que son las propias, unas experiencias personales tamizadas por el filtro de la ficción -pero reales al fin y al cabo- que se muestran a modo de relatos cruzados y que son una herida abierta, que empieza su sanación al «dejarse al aire».

Rodada justo antes de que explotase la pandemia, cuando las clases aún eran presenciales, Amor sin ciudad se muestra tosca en alguno de sus planteamientos, con desigual interés y calidad de unas historias frente a otras, pero en conjunto, ofrece un mosaico que conforma una catarsis colectiva y un ejercicio de psicología ante las cámaras. Cine como terapia, pero también como proceso artístico y pedagógico.