«Otra vuelta de tuerca»: Se confirman nuestros temores

eduardo galán blanco

CULTURA

Floria Sigismondi entrega una revisión descafeinada de la novela de Henry James pero no exenta de atractivos

13 dic 2020 . Actualizado a las 14:31 h.

Otra vuelta de tuerca, la inolvidable novela corta de Henry James, ha conocido casi cuarenta adaptaciones al cine y la televisión. Su historia -con institutriz sensible y niños pervertidos por los adultos- mezcla de manera maestra fantasmas y deseos reprimidos e hizo posible Suspense, una maravilla inolvidable del cine de terror psicológico.

Ahora nos llega una revisión realmente descafeinada de la pieza de James pero no exenta de atractivos. El primero de ellos es la traslación a 1994 del ambiente victoriano original, pues la acción comienza el día de la muerte de Kurt Cobain. Visualmente funcionan muy bien las claves de los noventa, introducidas en una mansión neogótica. También el reparto nos gusta, aunque no consiga hacernos olvidar a Deborah Kerr, Ingrid Bergman, Marlon Brando y otros rostros ilustres que anteriormente frecuentaron la bella historia de fantasmas. Mackenzie Davis -la prostituta replicante de Blade Runner 2049- establece un duelo de miradas azules y frías con la magnífica y secundaria veterana Barbara Marten. La institutriz recién llegada y el ama de llaves hitchcockiana mantienen una tensa relación corporal de espacios invadidos. Y los dos niños huérfanos, a los que la profesora viene a educar y encarrilar, también ofrecen una buena dosis de gestualidad poderosa: la pequeña de siete años es Brooklyn Prince que nos asombró en The Florida Project y el adolescente Finn Wolfhard -lo vimos en Stranger Things- tiene la constitución de un ángel sin sexo. Sobre los cuatro debe planear la sombra ominosa de dos criados desaparecidos que se han apoderado del aire de la mansión, pero es ahí donde la película pierde su primera batalla.

Y la segunda derrota está en la facilidad para la iconografía potente que tiene Floria Sigismondi. Esa habilidad acaba siendo la perdición de la película. El equilibrio entre el videoclip y la narración cinematográfica le funcionó a la directora de origen italiano en The Runaways pero aquí el efecto de la perversión visual se impone sobre el contenido. No es lo mismo hacerle un clip a Rihanna o a David Bowie que intentar desplegar las mil sugestiones de la novela de Henry James. Así, en aras de lo epatante, el delicado mundo de lo sugerente se queda por el camino. «Sé a qué le temes» le dice el chaval a la institutriz. Y, desde ese momento, se confirman nuestros temores.