Amin Maalouf: «Es el último aviso, aún estamos a tiempo de evitar una crisis destructiva»

CULTURA

El escritor libanés Amin Maalouf, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010
El escritor libanés Amin Maalouf, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010 Luca Piergiovanni

El autor nacido en el Líbano publica «Nuestros inesperados hermanos»

14 dic 2020 . Actualizado a las 08:56 h.

De repente, en una diminuta isla de la costa atlántica, las luces se apagan, la radio deja de emitir, el móvil no funciona. ¿Qué ha pasado? ¿Ha sucedido en todo el país?, ¿en el mundo entero? ¿Ha sufrido el planeta un cataclismo? A partir de ahí se desarrolla Nuestros inesperados hermanos (Alianza), la última novela Amin Maalouf (Beirut, 1949), ganador de los premios Goncourt y Príncipe de Asturias 2010, miembro de la Academia Francesa y uno de los intelectuales más influyentes y prestigiosos del mundo. Una obra a caballo entre la distopía, la ciencia ficción, la alegoría y la mitología, en la que unos desconocidos y misteriosos «amigos de Empédocles» intervienen para salvar un mundo al borde de la catástrofe.

-Al inicio de la novela hay una cita de Novalis: «La novela surge de las carencias de la Historia». ¿Así surgió la suya?

-Necesitaba buscar en la ficción la esperanza que ya no puedo encontrar en la Historia. La novela nació de mi angustia ante la situación del mundo. Desde hace años estoy bastante aterrado por su evolución. Yo imaginaba un mundo que avanzara hacia la universalidad, reconciliado, armonizado, pero estamos en otro donde las relaciones son cada vez más duras y antagónicas entre sus componentes.

-Dibuja un mundo en peligro, al borde de una guerra nuclear, pero a la vez es optimista porque hay lugar para la esperanza.

-Tiene razón. Diría que es un libro que, por una parte, es una descripción, espero que lúcida, del mundo tal como es hoy, que está evolucionando en un sentido muy preocupante y va muy mal. Pero también está la esperanza de que la humanidad produzca algo que no nos esperamos, aunque parece muy improbable. En el fondo de mí hay un optimista que piensa que quizá todavía haya una solución.

-En esa solución de la que habla, ¿quiénes serían nuestro «amigos de Empédocles», que traerían el cambio que el mundo necesita?

-Si me pusiera a soñar, diría que mi deseo más querido, que quizá es un tanto loco, es que en el mundo haya, no ya una población exterior que no hemos visto nunca, sino que surja una liga de ciudadanos entre nosotros. Porque hay gente lúcida, competente, que ve las cosas con cierta elevación. Mi sueño es que hubiera una liga de ciudadanos que vinieran de todas partes y se reunieran, más bien de forma virtual que físicamente, que reflexionaran y contribuyeran a resolver juntos los problemas en los que se debate la humanidad actualmente y aplicaran las soluciones. Cuando hablo de los «amigos de Empédocles» es esto lo que tengo en mi mente. Los valores más constructivos y más nobles residen en la humanidad de hoy, pero se ven perdidos y aplastados por la mediocridad, la corrupción y la incompetencia.

-¿En esa hipotética liga de ciudadanos incluiría a los políticos? ¿Me puede dar algún nombre?

-Hay una figura que me gusta mucho, Angela Merkel, pero hay otras. Mandela también podría haber formado parte perfectamente de la liga. En todos los ámbitos de la vida, incluso entre los políticos, y sin duda entre los sabios, los universitarios, los académicos o los profesionales de los medios de comunicación, hay gente capaz de reflexionar junta. Me gustaría ver eso, aunque seguramente sea improbable, pero no es imposible totalmente. Si de verdad tenemos conciencia de estar al borde del abismo, reaccionaremos y quizás se produzca ese movimiento de solidaridad y fraternidad entre conciudadanos del mundo.