Siri Hustvedt: «La autoridad femenina incomoda a muchos hombres»

CULTURA

Siri Hustvedt, en el Instituto Cervantes de Londres
Siri Hustvedt, en el Instituto Cervantes de Londres ISABEL INFANTES | efe

En su ensayo «Los espejismos de la certeza», la escritora estadounidense, premio Princesa de Asturias, indaga y reflexiona sobre la relación entre cuerpo y mente

21 mar 2021 . Actualizado a las 10:16 h.

Autora de novelas como Todo cuanto amé, Elegía para un americano o El mundo deslumbrante y de ensayos entre los que destacan Vivir, pensar, mirar y La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019, Siri Hustvedt (Northfield, Minnesota, 1955), estadounidense de padres noruegos, publica Los espejismos de la certeza (Seix Barral). Firme partidaria de que la filosofía y la ciencia vayan de la mano para explicar quiénes somos y cómo nos enfrentamos al mundo, aborda en este ensayo el viejo dilema de la relación entre el cuerpo y la mente. Para tratar de encontrar respuestas, la autora hace un recorrido por los hallazgos científicos y las corrientes filosóficas que han marcado la historia de la humanidad, con la ayuda de la neurociencia, la psiquiatría, la genética o la inteligencia artificial y la psicología evolutiva. Desde su casa de Nueva York responde a un pool de periodistas. «La visión dualista neocartesiana que veía como dos mundos separados la mente y cuerpo, que se aplicaba en la neurociencia es un modelo empobrecedor», asegura. 

Defensa de la ambigüedad

«La ciencia sin la duda no puede funcionar». Hustvedt defiende la duda y la ambigüedad como instrumentos para avanzar en el conocimiento. «La ciencia sin la duda no puede funcionar, porque la naturaleza del método científico es la duda, quieres resolver un problema, elaboras una hipótesis, la sometes a experimento y si es errónea se genera la duda que da pie al siguiente engranaje», responde a La Voz. «En cuanto a la ambigüedad, estoy de acuerdo con el filósofo Maurice Merleau-Ponty, que dice que es una zona rica y no pobre, en la que merece la pena estar, porque marcar una división clara, nítida e irrefutable entre las cosas a veces es falso, por ejemplo, es complicado trazar una línea entre normalidad y anormalidad», explica. «La ambigüedad es algo con lo que hay que trabajar, en lugar de destruirla», concluye. Preguntada por cuáles son sus certezas, contesta que tiene pocas. 

La autoridad femenina

«Muchos hombres heterosexuales ven humillante admirar a una mujer». La autora destaca la reticencia de muchos hombres a leer los libros escritos por mujeres. «A veces es inconsciente incluso, pero hay hombres heterosexuales que tienen dificultad ante la autoridad femenina, si leen un libro escrito por una mujer te sitúas bajo su autoridad y eso a algunos les resulta incómodo porque distorsiona la jerarquía del hombre sobre la mujer, ven humillante y vergonzoso admirar a una mujer», afirma. «Lógicamente no es algo que le pase a todos los hombres, también hay mujeres que infravaloran a otras mujeres porque creen que lo que dice un hombre siempre es más importante, tiene más poder y autoridad», añade. «Me he dado cuenta de que a todos nos puede disgustar o enfadar algo y a veces no sabemos ni siquiera lo que nos molesta, por eso saber reconocer este problema, que la autoridad femenina incomoda a muchas personas, ya es mucho», señala.