La venganza de Carmen Laforet, la mujer que quiso vivir su vida

Un libro rescata los artículos que la escritora publicó en «Destino», un alarde de genialidad y elegante grito contra el arquetipo femenino


Para la mayoría será siempre la autora de Nada. Un título tan indisociable al nombre de Carmen Laforet (Barcelona, 1921-Madrid, 2004) que parece que este gran éxito la devoró como si fuese su único libro. La historia, y los planes de estudio tienen una deuda con la persona que estrenó el Premio Nadal en 1944 y dejó obras como La mujer nueva, Premio Nacional de Literatura, o La isla y los demonios. Con el centenario de su nacimiento, llega a las librerías un pequeño tesoro, Puntos de vista de una mujer (Destino, 2021), la recopilación de sus artículos en la sección bautizada con el mismo nombre en el semanario Destino. Unos textos escritos entre 1948 y 1953 que son un retrato social del momento y resultan igual de reveladores siete décadas después. Más allá del corpus literario, permiten ver el pensamiento de una mujer que explica que no es la perfecta ama de casa ni quiere serlo.

Ideas cortas y cabellos largos

Su primer artículo, La fiesta de la moda, empieza así: «Yo quisiera escribir para mujeres sobre temas nuestros, de mujeres. Lo malo es que yo no voy a hacer un apartado de recetas culinarias, de charlas de puericultura o sobre la mejor manera de fruncir una cortina... Nuestro deber es, en la mayoría de los casos, olvidarnos de nosotras mismas y vivir cada hora la vida de los nuestros». Tan apabullante y moderna declaración de intenciones se publicó en noviembre de 1948.

«Fue valiente ella y fue valiente la revista con la censura. Con mucha sutileza, sus escritores aprendieron el arte de decir sin decir. Los artículos de Carmen permiten contemplar a una escritora conectada con su mundo, complejo y difícil. Destino le hace el encargo después del fenómeno social que fue Nada, que publicó con 23 años, para captar lectoras. Ella explica la realidad desde sus zapatos. De la anécdota es capaz de trascender a la reflexión de mayor calado. Esa es su grandeza. En estos textos nos está hablando de las limitaciones del mundo de la mujer. Ella no se dirige, y lo deja claro, al arquetipo femenino que se quería imponer», explica la profesora de la Universidad de Barcelona (UB), la misma en la que estudió Laforet, Blanca Ripoll.

Su investigación sobre la revista la llevó a contactar con la docente Ana Cabello, cuya tesis versaba sobre los premios literarios y las escritoras de la posguerra. Fue así cómo ambas se embarcaron en la aventura de rescatar los artículos de Laforet en el libro que prologa la periodista Inés Martín Rodrigo.

«Convierte la descripción de un hecho cotidiano, como ir a la peluquería, en un pensamiento extraordinario», destaca Ana Cabello, en referencia al artículo Sobre ideas cortas y cabellos largos, inspirado en la famosa cita de Schopenhauer, al que Laforet responde: "Le irritaba que la inteligencia no estuviese encerrada dentro de una forma más bella, más fácil de inspirar agrado. ¡Pobre Schopenhauer!"».

Espejo de martín gaite y matute

«Hay una anécdota muy buena. Cuando un periodista le dijo a Ana María Matute, después de ganar el Nadal, ''últimamente las mujeres ganáis todos los premios de novela, ¿es que escribís mejor?", Matute contesta: “Pues se ve que sí”», recuerda Ana Cabello sonriendo. El hito de Laforet trascendió a su carrera. Que una desconocida, sin padrinos en el mundo editorial, se impusiese en el Nadal a un escritor consolidado como César González-Ruano provocó un efecto en cadena.

«No fue consciente de que abrió un camino, la senda para la visibilidad», apunta Ana Cabello. «Hay una nómina increíble de mujeres que declararon que el premio a Nada, con la legitimidad de su jurado, en una época en la que la mujer era considerada casi menor de edad, les dio la seguridad para escribir y presentarse a certámenes. Fue un espejo», continúa Cabello.

Carmen Martín Gaite, Príncipe de Asturias de las Letras, y Ana María Matute, Premio Cervantes, son dos de ellas. Y las dos ganaron el Nadal, una en 1957, por Entre visillos, y la otra en 1959, por Primera Memoria. Están Elena Quiroga, Carmen Kurtz, Concha Alós o Dolores Medio. Nombres que urge recuperar en los libros de enseñanza. «Se crearon premios específicos para mujeres, como el Fémina, porque eran ellas las que copaban los grandes premios en los 50, del Nadal al Planeta», subraya Cabello.

Necesitamos conocer la mirada de la otra mitad de la humanidad. También Laforet se adelantó aquí. «Hay un artículo precioso, El mapa íntimo, en el que ella reivindica un canon literario más amplio. No se trata de quitar unos nombres y poner otros, sino de ampliar los márgenes», comenta Blanca Ripoll.

Laforet lo expresó así de claro ya en 1951: «Cuando yo era pequeña, me imaginaba un mapa de Europa sembrado de grandes banderas donde ondeaban los nombres de los genios... si cierro los ojos, el mapa infantil aparece ondeando las banderas de Shakespeare, Dante, Cervantes, Goethe, Homero y Dostoyevski... me parece frío, pobrísimo, y quisiera fundir las banderitas aisladas en todo un rico tejido cultural, con mil nombres más, mil maravillosos nombres más».

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