María Pujalte: «Ningún camino que transites por primera vez resulta fácil, da igual la edad»

La actriz gallega vuelve a meterse en la piel de la profesora de Ética de «Merlí. Sapere Aude», que este viernes estrena su segunda temporada en Movistar+

María Pujalte encarna a la catedrática María Bolaño en «Merlí. Sapere Aude»
María Pujalte encarna a la catedrática María Bolaño en «Merlí. Sapere Aude»

redacción / la voz

Pol Rubio y sus compañeros vuelven este viernes a las clases presenciales en un paraninfo en obras, escenario de la segunda temporada de Merlí. Sapere Aude, la ficción que se apoya en las grandes preguntas de la filosofía para proponer una reflexión en torno al tránsito hacia la madurez. En los nuevos episodios de la serie original de Movistar+, el protagonista recibirá una mala noticia que transformará su vida para siempre. También su profesora de Ética, la catedrática encarnada por María Pujalte (A Coruña, 1966), vivirá enfrentada a sus particulares desafíos.

-¿Cómo ha sido la vuelta a los rodajes después del confinamiento?

-Me he movido bastante por el trabajo para rodar Merlí en Barcelona, que se grabó con dos meses de retraso. También he podido ir a Galicia en julio para rodar 3 caminos y para cuidar de mi madre, que es un motivo que me permite desplazarme. La buena noticia es que hemos podido grabar la serie con muchos controles y un riguroso protocolo, y no hemos tenido un rodaje muy accidentado. Parece un milagro que hayamos podido hacerlo.

-¿A qué retos se enfrenta María Bolaño en esta segunda temporada?

-Arranca con una noticia bomba que atañe a Pol personalmente y produce un cambio en el color de la historia y en el relato. Al mismo tiempo hay un montón de historias a su alrededor, que son su vida familiar, la vida de sus amigos y el mundo universitario. En este último se encuentra María Bolaño, que está intentando solucionar el punto donde la dejamos en la primera temporada, la recuperación por su adicción al alcohol. Ese es el camino que recorre en estos ocho capítulos. La veremos metida en un fregado importante, esencial y muy difícil de transitar en el día a día. Hay un cierto paralelismo con lo que está viviendo Pol. La segunda temporada adquiere otro tono, es un cambio de color, ya no es todo tan brillante, todo palidece y la vida se pone más dura y hay que lidiar con eso. Los espectadores van a verla después de un año que todos hemos vivido estupefactos y resuena un poco a lo que está ocurriendo.

-La serie presenta una contraposición entre la crisis de quien va dejando atrás la juventud, como su personaje, y quienes muestran, al mismo tiempo, que ser joven tampoco es un camino de rosas.

-Hay un recorrido vital que es un inevitable, esas etapas que necesariamente tenemos que pasar para hacer un recorrido de vida completo. La clave está en cómo haya sido tu recorrido. En el caso de la Bolaño, ella ya está recogiendo la cosecha. Está en ese momento en el que tienes que ver qué has hecho para haber perdido las riendas y estar tan superada por lo que te toca vivir, que al final tiene que ver con aceptar tu soledad. Ella ha educado a su hija para que sea independiente, pero cuando eso se pone en marcha no es tan fácil. Son aspectos que se van a ver en esta temporada. A veces cuando te haces mayor es una disculpa decir eso de «¡quién pillara la juventud!» Es absurdo. La juventud es la juventud y cuando echas la vista atrás ves que en ella también había cosas muy difíciles de vivir. Cuando eres joven tienes mucha energía porque estás más nuevo, lo vives todo por primera vez, pero había cosas que me resultaban más complicadas que ahora. La serie es bonita e inteligente en ese sentido, porque muestra que ningún camino que transites por primera vez resulta fácil, da igual la edad que tengas.

-¿Explicar filosofía con esa pasión la obliga a documentarse y preparar las clases antes de entrar en el aula con María Bolaño?

-A veces he consultado algunas referencias para contextualizar y saber de quién se está hablando, de la época, del momento... pero de una forma muy superficial. La filosofía es una materia complicada. La serie propone dilemas éticos para luego verlos reflejados en la acción. Son alumnos de primero de filosofía y la materia es Ética, de modo que los dilemas morales que ella plantea en las clases son preguntas que todos nos podemos hacer. Cuando explicaba en la primera temporada aquello de la materia de Leibniz, yo no tenía ni idea. Pero aunque no conozcas el dilema del tranvía sin frenos de Philippa Foot, te informas y ves que plantea cuestiones fáciles de entender.

-¿Ha sacado alguna reflexión de sus propias lecciones?

-No me he puesto a estudiar filosofía, ni mucho menos. Pero cuando encarnas a un personaje te haces muchas preguntas a ti misma, porque te preguntas si tú misma reaccionarías así, piensas en si la entiendes incluso cuando se equivoca. Te das cuenta de que personas tan formadas como una catedrática de Ética pueden perder las riendas de su vida, por inteligentes que sean. Te hace pensar en lo difícil que es vivir.

-En terrenos de ética una cosa es la teoría y otra cosa, es la práctica. Lo vemos cada día.

-Se tiende a pensar como si fueran dos ideas separadas la gente que piensa y la gente que actúa. Y no es así. De ahí la importancia de recordar continuamente, como hace esta serie, que es fundamental pensar para actuar. Y estoy pensando en la política. Es fundamental el pensamiento para la actuación y la degeneración de las instituciones tiene que ver con esto. Tenemos una sensación de que hacer política es hacer unas puestas en escena continuas y reaccionar automáticamente a partir de lo que conviene decir o escenificar, aunque todo esté vacío de contenido y de propuestas para lo que sirve realmente la política, que es solucionar problemas, pactar y llegar a acuerdos. Todo esto lo plantea la filosofía y me parece muy necesario en este momento, porque no nos damos tiempo para reflexionar. Los silencios aterrorizan.

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