El final de «Line of Duty» arrasa en el Reino Unido

íñigo gurruchaga / redacción COLPISA / LA VOZ

CULTURA

Kelly MacDonald se ha unido a la serie esta temporada
Kelly MacDonald se ha unido a la serie esta temporada Movistar

El desenlace de la serie fue el episodio más visto de la televisión británica desde el año 2002 con 12,8 millones de espectadores, un 56,2 % de la audiencia

04 may 2021 . Actualizado a las 09:22 h.

Millones de británicos se sentaron anoche ante sus televisores para ver en BBC One el séptimo y último episodio de la sexta temporada de Line Of Duty (Cumplir con el deber). Este puede ser también el final definitivo de la historia, que este miércoles se emite en España en Movistar, pero su guionista, coproductor y codirector, Jed Mercurio, mantiene el suspense. Ningún programa dramático de la televisión británica había tenido más espectadores que la anterior entrega de la serie, la semana pasada, desde la emisión navideña de un episodio especial de Doctor Who, en el 2008. Más de once millones vieron en el penúltimo capítulo los nuevos enredos de la larga pesquisa de la unidad anticorrupción, AC-12, para desmantelar una red de policías podridos que tiene lazos con el crimen organizado.

Este domingo, el episodio final tuvo 12,8 millones de espectadores, un 56,2 % de la audiencia de televisión en el país. Según la BBC, fue el episodio de una serie más visto desde que en el 2002 se crearon los registros actuales.

La trayectoria de Mercurio, hijo de inmigrantes italianos que ejerció la medicina y fue piloto de la Real Fuerza Aérea, lo ha consagrado como el dramaturgo más reconocido de la televisión británica. Aunque Small Axe, dramatización por el polifacético Steve McQueen de la experiencia de los inmigrantes caribeños en los años sesenta, es favorita para los premios Bafta, las obras de Mercurio han tenido sucesivos éxitos de audiencia.

Line of Duty, que comenzó a emitirse en el 2012, y Bodyguard, del 2018, han superado a las audiencias británicas de la recordada Downton Abbey, que rememoró intrigas y amores en mansiones compartidas por aristócratas y sirvientes, y en el contexto de los hitos de la historia británica en el inicio del siglo XX.

La serie de Julian Fellowes tuvo también un notable éxito internacional. Mercurio ha tomado el relevo como autor de moda visitando pasadizos oscuros de la sociedad y ofreciendo abundancia de suspense y giros en la trama.

Los protagonistas de Line of Duty son el jefe y dos detectives de AC-12, investigadores de casos de posible corrupción en una policía regional con nombre imaginario, pero asociada a la segunda ciudad inglesa, Birmingham, donde se filmaron las primeras temporadas. La producción se trasladó después a estudios de cine y televisión en Belfast.

Lejos de la realidad

Al final de los años sesenta, el periódico The Times publicó conversaciones grabadas de un detective de la Policía Metropolitana de Londres con un delincuente, al que le exigía el pago regular de dinero para protegerlo de las investigaciones de sus colegas.

La BBC ha emitido también una serie documental, Bent Coppers (Polis corruptos) sobre aquel escándalo, que llevó a la formación de la A10, una unidad de investigación interna. Si entonces algunos policías ya cobraban comisiones a delincuentes protegidos, plantaban pruebas incriminatorias en domicilios de inocentes o controlaban el negocio de pornografía y prostitución en el Soho londinense, la ficticia AC-12 añade otra escala al gremio: cooperación con VIPs para abusar sexualmente de menores, asesinatos de colegas para proteger a capos del tráfico de drogas, infiltración de criminales en los cuerpos policiales.

Line of Duty ha cautivado a la audiencia británica a pesar de que, como ocurrió con la también exitosa serie Silk, centrada en abogados penalistas de los tribunales de Londres, la ficción se aleja de la realidad. Si hubiese tantos tiroteos con fusiles ametralladores en las calles británicas o asesinatos de policías, con frecuencia por sus propios colegas, el público quizás vería la serie con más recelo.

Su fuerza reside en la espectacularidad de la producción, en el laberinto de la trama y las ambigüedades morales de los protagonistas, y en una pléyade de buenos actores. Los espectadores esperaban con ansia que el último capítulo revelase al fin la identidad de «H», el gran cerebro del mal.