Al Oregón de 1820 llega desde Gran Bretaña una vaca, animal exótico en un país en el que no había. Un pequeño cacique inglés, nostálgico de la leche para su té, importa una pareja, pero el buey no sobrevivió a la travesía. Una anécdota casi minimalista que marcará el tono de First Cow, realmente un antiwéstern que renuncia a los tópicos y arquetipos del género histórico en clave Hollywood. Sin tiroteos, ni forajidos, ni sheriff, ni caballos trotando —juraría que no aparece ni uno—, ni meretrices, ni, por supuesto, cowboys. Hay tramperos, hambre, poca higiene y mucho barro, algún ocioso de taberna —bronca incluida—, el citado cacique y sus asalariados, algún crío currando y sobre todo, dos tipos honestos, un cocinero sin apenas ingredientes para sus platos —la secuencia inicial le muestra buscando setas para salir del paso— y los castores como principal fuente proteínica, además de sus pieles.
La directora Kelly Reichardt —coguionista junto al autor de la novela, Jonathan Raymond— retuerce su propuesta con un cuadro 4:3, en las antípodas del formato panorámico.
Y el resultado es deslumbrante, original, una obra que tendría —en su retrato de ambientes y en el tono de su foto— un referente visual en Los vividores (1971). Y no solamente eso, algo más en la filosofía inconformista e indie de su autor, el primer Robert Altman. Que entre sus productoras esté la prestigiosa A24 acrecienta el desafío asumido por Reichardt, respondiendo al canon de autor más puro, ese que en absoluto cede a las presiones del mercado. En especial, con su idea del ritmo, esos intervalos de tiempo casi rohmerianos, en las antípodas de la taquicardia narrativa y el montaje sincopado, pero que le valen para adentrarse en los protagonistas, con una lectura humanista, mostrando a dos parias con sueños nutridos con lo que van ahorrando en su chamizo, en donde cocinan buñuelos que luego venden bien en el poblado vecino. El recurso al plano secuencia, la cámara que apenas se mueve, el cuidado en la dirección de arte, logran que sus imágenes te acompañen después de la proyección. Se agradece.