«Aquellas que desean mi muerte»: Buscando la redención emocional

CULTURA

Taylor Sheridan regresa a las cámaras, aunque en esta ocasión prescinde de la excelencia en favor de la eficacia

24 may 2021 . Actualizado a las 09:40 h.

La bombera forestal Hannah arrastra un trauma por una tragedia de la que se considera culpable, pese a que todos intentan convencerla de que renuncie a flagelarse al no haber negligencia en su actuación. Es la base sobre la que Taylor Sheridan regresa a las cámaras con Aquellos que desean mi muerte tras el buen sabor de boca de Wind River (2017) y guiones para otros como Sicario (2015) y Comanchería (2016). Insiste en el thriller —aquí con aromas de wéstern—, género al que ennoblece, aunque en esta ocasión prescinda de la excelencia en favor de la eficacia, evasión a palo seco, de ahí algunas incoherencias menores y no pocos rotos.

Quizá porque adapta un texto ajeno —novela de Michael Koryta del 2014— en colaboración con otros dos colegas, padece de una cierta dispersión, más allá de que las de cintas de críos en apuros como testigos de un crimen hace tiempo que aplazaron la originalidad a otro día. En todo caso, este paseo por los bosques de Montana —aunque rodada en Nuevo México— se ajusta al entretenimiento más canónico.

Apostar por un filme con mayor carga psicológica habría obligado a no pocas renuncias. Lo que rodea a los dos sicarios necesitaría de una revisión a fondo para alejarlos del estereotipo. Son hermanos y tarados, pero en apariencia cometen errores de principiantes. No se entra en detalles sobre quién desea ver muerto al chaval porque se sobreentiende, y en eso acierta el guion. Qué más da, lo importante es saber si la señora superará o no su trauma emocional.

Por eso Aquellos que desean mi muerte es solo un artefacto, un producto filmado con eficacia, que tira en exceso de CGI para las secuencias del fuego, que son muchas y no siempre coherentes en cuanto al achicharre, si se considera que los casi dos mil grados que puede alcanzar una masa arbórea en llamas es imposible de soportar para un ser humano. Ofrece también alguna set piece al mejor estilo Sheridan.

Pero, claro, ¿y lo mucho que cuesta imaginar a Angelina Jolie apagando fuegos mientras rezuma testosterona en plan machota? ¡Buen provecho con las palomitas!