El filme puede leerse en clave de género, pues coquetea con el drama y el cine político, con añadidos de revisionismo histórico sobre hechos acaecidos antes del desplome de la URSS
31 may 2021 . Actualizado a las 09:27 h.Hagamos una pirueta historicista y recuperemos el viejo debate de la crítica europea de los años cincuenta del pasado siglo, aquella en que -simplificando-, en torno al neorrealismo, el italiano Guido Aristarco valoraba la denuncia social mientras el francés André Bazin no despreciaba el formalismo. Fondo frente a forma, dos vectores en absoluto divergentes y todavía válidos para amplios sectores de la crítica actual. En Siervos, el checo Ivan Ostrochovský intenta conjugar ambos aspectos, de modo que satisface las dos sensibilidades. Por un lado hace aflorar un caso real en su país a comienzos de los ochenta, y por otro lo sirve en un cuidado blanco y negro, opción que tenía sus riesgos en cuanto a recepción popular en taquilla.
Otro factor a considerar es leer el filme en clave de género, pues coquetea con el drama y el cine político -sin caer en el trazo grueso y confiando en la inteligencia del espectador-, con añadidos de revisionismo histórico sobre unos hechos acaecidos antes del desplome de la antigua URSS y todos sus países de influencia.
Entre 1971 y 1989, se creó la asociación católica Pacem in Terris, vinculada a la jerarquía eclesiástica checoslovaca, en consecuencia colaboradora con el régimen comunista en un paripé fácil de imaginar. Como reacción, grupos de sacerdotes fieles al Vaticano, idealistas, vocacionales y contrarios al adoctrinamiento político -cuyo brazo ejecutor son los servicios secretos- serán sometidos a persecución y posterior represión, y en consecuencia forzados a profesar en la clandestinidad. El guion prescinde de acercarse a la corriente oficialista -es quizá el único reproche posible- para introducirnos en un seminario que, de alguna manera, es un microcosmos de la sociedad real, con la policía campando a sus anchas y asomando el fantasma de la delación. Sin duda, la foto de Juraj Chlpík, de trazos expresionistas pero evitando la tentación esteticista, junto a la elección de unos encuadres que por momentos remiten al mejor Hitchcock, contribuye a una atmósfera inquietante, igualmente apuntalada por la música. Aquí, en Siervos, reluce el cine.
«SLUZOBNICI»
Eslovaquia, República Checa. 2020.
Director: Ivan Ostrochovský.
Intérpretes: Vlad Ivanov, Martin Sulik, Zvonko Lakcevic, Milan Mikulcik, Samuel Skyva, Vladimir Strnisko.
Drama. 80 minutos.