«Gaza mon amour»: Amor otoñal en la Franja de Gaza

sabela pillado

CULTURA

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Los hermanos Nasser entregan un canto de esperanza a las pequeñas historias sobre un pescador maduro que se enamora de una costurera

13 jun 2021 . Actualizado a las 00:19 h.

No parece, así de primera impresión, que de un lugar como la Franja de Gaza -y de la tragedia que la circunda, con todo un conflicto que vuelve a estar (si alguna vez dejó de estarlo) de triste actualidad- pueda salir una comedia amable… Sin embargo, los hermanos Arab y Tarzán Nasser, en el que es su segundo largometraje de ficción, se han marcado como objetivo demostrar que incluso en lugares tan castigados como este, sus habitantes luchan, como en cualquier otro lugar, por temas tan universales como el amor. Y no un amor trágico, si no un amor visto desde la cotidianidad, la ilusión y el humor.

La tragedia de la situación palestina no desaparece, en absoluto, pero pasa a ser un elemento más del entorno, sin ser el que define a los personajes que pueblan esta singular película. Gaza mon amour (bonito título y bonito homenaje a Resnais, por otra parte) nos relata la historia de un maduro pescador que estudia cómo declarar su amor a una costurera viuda de la que se ha enamorado, mientras una estatua del dios Apolo que ha caído en sus redes de pesca le complica la vida y la consecución de su objetivo. La historia es desde luego peculiar, y se materializa en una película inocente e irónica, con trazos de absurdo (y alguna canción de Julio Iglesias).

Como ocurría en Hiroshima mon amour, y a pesar de las -enormes- diferencias entre ambos filmes; el amor puede aflorar en lugares que inicialmente no parecen ser «terreno abonado» para ello. Los hermanos Nasser, en su empeño, construyen un filme entrañable que consigue transmitirnos la realidad cotidiana de los habitantes de Gaza, y que no escapa de mostrar, aunque sea muy tangencialmente, el conflicto o el abuso policial. Aunque peque a veces de excesiva sencillez, esta película es una carta de amor a Gaza, con lo bueno y lo malo que hay en ella, y un canto de esperanza a historias pequeñas como esta, donde por una vez, y como tan bien resume su epílogo, el amor y la renovada alegría de vivir pueden vencer a las armas. Cuando menos, momentáneamente. O durante la hora y media que dura el filme.