«En un barrio de Nueva York», el mundo en la tienda de la esquina

Eduardo Galán Blanco

CULTURA

El realizador Jon M. Chu no logra la excelencia con su musical, pero entretiene y, sin deslizarse en el cercano empalago, nos ofrece un poco de aliento, que no es poco

26 jun 2021 . Actualizado a las 09:49 h.

«El mundo es un escenario», se escucha en el inolvidable número That’s Entertainment, cantado por Fred Astaire, Cyd Charisse, Oscar Levant y Jack Buchanan en Melodías de Broadway 1955, agitado bajo la maestra dirección de Vincente Minnelli. Y esa es también la idea de En un barrio de Nueva York, un musical que probablemente no pasará a la historia, al contrario que el clásico dirigido por el marido de santa Judy Garland, a la sazón papá de Liza. Sí, el filme En un barrio de Nueva York no hará historia, pero mientras lo ves y lo oyes -all singing, all talking, all dancing- lo disfrutas bastante. Uno tiene la sensación de que esta cinta podría haber sido algo mucho mejor; pero, dentro, cuidadosamente tuneado, hay mucho de homenaje a los grandes musicales de Hollywood.

Se nos cuenta la pequeña crónica de los calurosos días de verano -anteriores y posteriores a un gran apagón muy simbólico-, transcurridos en un barrio latino al norte de Harlem, habitado por dominicanos, cubanos y mexicanos que sueñan con una vida mejor, identificada con el paraíso idealizado de los paisajes de la patria madre. Viendo En un barrio de Nueva York, enseguida pensamos en la América diversa del American Dream que negó Trump. Cuando se estrena el musical en el que está basada la película, Obama estaba a punto de llegar a la Casa Blanca y, entonces, un ingenuo optimismo flotaba en el aire. Esa ingenuidad se conserva aquí, condensada en los microcosmos de unas calles movidas entre apreciables coreografías multitudinarias y también en el pequeño escenario de la tienda de la esquina, que vende de todo lo barato. Allí, un chaval les explica lo que es El sueñito a unos niños.

El filme quiere ser heredero de Un día en Nueva York, de Cantando bajo la lluvia, de Mi hermana Helena, de Noches en la ciudad. A unos metros de donde se rodó En un barrio de Nueva York, y al mismo tiempo, Spielberg filmaba el remake de West Side Story. Y, cuando los jóvenes talentos, Corey Hawkins y Leslie Grace, bailan escalando la fachada del tenement, no podemos evitar evocar, con nostalgia, al Astaire equilibrista y soñador de Bodas reales.