La tercera hija de Karl Marx cuenta con una vida fascinante e injustamente poco conocida
18 jul 2021 . Actualizado a las 13:11 h.Eleanor Tussy Marx, tercera de las hijas de Karl Marx y la única de ellas que siguió activamente con su legado, cuenta con una vida fascinante e injustamente poco conocida. Eleanor dedicó su vida a la lucha política, especialmente centrada en los derechos de la mujer, la clase trabajadora y la abolición del trabajo infantil. Miss Marx intenta remediar este injusto olvido de la que fue una figura fundamental en el movimiento obrero y en la lucha por la emancipación femenina —sufragio universal a la cabeza—, poniendo en relevancia su figura y adjudicándole el lugar que merece en la Historia. Un objetivo muy ambicioso y nada fácil, y esta película, a pesar de sus buenas intenciones y unos cuantos logros (la interpretación de Romola Garai, la identificación de Eleanor con una heroína punk…), se queda a medio camino de lo que podría haber sido con un material de base como este.
Y no será por no haberlo intentando, y además con una propuesta lejos de convencionalismos. Susanna Nicchiarelli firma un biopic nada convencional, con ruptura de la cuarta pared, imágenes de archivo, y quizás lo más llamativo, una anacrónica banda sonora punk. La película intenta ser rompedora, al igual que la propia Eleanor, y para ello se centra en sus últimos quince años de vida, desde el fallecimiento de su padre hasta su propia muerte por suicidio con tan solo 43 años. En esos años, vemos una mujer feminista, inteligente, fuerte, de un discurso público sin fisuras, luchadora incansable y sin dudas, que, sin embargo, en su ámbito privado inicia una relación de amor destructiva con un hombre derrochador, mujeriego y fumador de opio. Una relación que mantendrá hasta su fin y ante la que muestra una aceptación que no coincide para nada con su faceta pública.
Miss Marx es una película audaz, pero sin llegar a revolucionaria, y nos deja con la sensación de no haber hecho justicia plenamente a la figura de esta mujer, al no adentrarse como nos gustaría en sus complejidades y dualidades.