«¡Al abordaje!»: Cuento de verano

CULTURA

Guillaume Brac firma una película aparentemente sencilla y sin pretensiones, pero que en realidad supera con creces todo ello

08 ago 2021 . Actualizado a las 09:56 h.

Una noche estival parisina, chico y chica se conocen, pero ella, cual Cenicienta trasnochadora, debe partir al amanecer hacia sus vacaciones familiares… con lo cual, su reciente enamorado, acompañado por un colega fiel y un pobre incauto al que conocen por Bla Bla Car, acaba en un cámping del Sur de Francia persiguiendo ese sueño de una noche de verano.

Un argumento sencillo, y una película aparentemente sencilla y sin pretensiones, pero que en realidad supera con creces todo ello, y se convierte en un canto al verano y a las nuevas experiencias que son tan propicias de esa época del año, una oda a la amistad, al compañerismo, y a esos encuentros fortuitos que no por fugaces dejan de ser menos importantes o definitorios.

¡Al abordaje! se cuenta entre esas películas que con su sencillez y naturalismo dan la impresión de que «no cuentan nada», pero en realidad cuentan de todo, y consiguen transmitir no solo historias, sino también estados de ánimo.

Guillaume Brac, cineasta que ya ha conjugado amor y verano en obras anteriores (sus filmes Contes de juillet y La isla del tesoro son buen ejemplo de ello), se deja imbuir por un espíritu claramente rohmeriano y nos sirve una comedia romántica veraniega con trasfondo, donde sus noveles actores -alumnos de la Escuela Superior de Arte dramático de París que lo ayudaron en el proceso creativo- se adueñan rápidamente de la función y nos brindan un retrato generacional de los jóvenes franceses, no exento de apuntes a las diferencias culturales y de procedencia social, aunque siempre desde una amabilidad no condescendiente.

Brac trata a sus personajes con cariño, e intenta darles una esperanza, especialmente en un final con cierta carga de justicia poética, permitiéndonos soñar, por lo menos en ese momento, con que todo les va a ir bien.

¡Al abordaje! es una aventura emocional, que entre piscinas, karaokes, baños en el río, helados y bicicletas, desprende un nostálgico aroma a celebración de la vida, aunque esta también tenga sus experiencias amargas.