Santiago Roncagliolo: «Vivimos en un mundo sectario en el que escogemos nuestra propia tribu»
CULTURA
El escritor peruano afincado en Barcelona publica una novela sobre el fanatismo, el silencio y los secretos familiares
22 ago 2021 . Actualizado a las 10:55 h.Y líbranos del mal (Seix Barral) es una novela de formación que funciona como un thriller literario. El protagonista es Jimmy, un joven de origen peruano que vive en Nueva York y decide viajar a Lima para cuidar a su abuela enferma. Allí irá descubriendo el oscuro secreto que su padre nunca quiso desvelar. El libro de Santiago Roncagliolo, (Lima, 1975), residente en Barcelona desde hace dos décadas, pone sobre la mesa la cruda realidad del fanatismo religioso, el abuso de poder y la pederastia.
—¿Cómo ideó esta novela?
—Surgió de un caso que se hizo público en Lima. Yo conocía a gente que había estado en la congregación en la que sucedió. Lo que más me impactó fue cómo todo el horror ocurrió sin que nadie hablara de ello durante muchos años, aunque estaba pasando detrás de una puerta cercana. Y decidí escribir una novela sobre la complicidad del silencio, sobre todas las cosas terribles que suceden y no se dicen en una familia, pero tampoco en una clase social.
—La novela es como un puzle en el que el lector rellena los huecos.
—Me gusta que el lector haga el mismo viaje que el protagonista y tenga sus mismas limitaciones, Jimmy no acaba de saber nunca qué está ocurriendo, aunque lo intuye. Nunca ve al monstruo por entero, lo va viendo, como yo mismo, por pequeñas rendijas que le abren algunos personajes, y tiene que decidir, y con él también el lector, no solo qué ha pasado, sino quién es la víctima y quién es el victimario, porque se confunden.
—¿Esta novela es una forma de exploración interior del autor, de usted mismo, alguien que se siente extranjero en todas partes?
—Yo tengo una mirada muy rara de las cosas, que es la que le doy a Jimmy, la de un extranjero que descubre que una parte de sí mismo está en otro país. Es lo que nos pasa a todos los emigrantes. Mis últimas novelas tratan de decir a mis hijos cuál es mi historia, que también es la suya, y de explorar un territorio que está en el pasado, que ya no existe, que no está aquí ni allá. El pasado es un país extranjero y es el mío. Los personajes de mis novelas nunca terminan de encajar, es una constante. Me interesan los que no encuentran su sitio en el mundo que los rodea, los que siempre están un poco desfasados. En la novela cada personaje construye su visión del pasado, la que más le conviene a su presente, porque el pasado también es una ficción que nos contamos en el presente para afirmar lo que somos ahora. No siempre tiene mucho que ver con lo que de verdad ocurrió.
—Los secretos de familia acaban aflorando y cambiando la vida de sus miembros.
—Juego con el thriller, con los secretos familiares, con el bien y el mal, pero que todo conduzca a una reflexión sobre los personajes, que tienen mucho de todos nosotros. Incluso los más monstruosos de esta novela están alimentados por algo tan desesperado como su necesidad de amor. Todos necesitan amor y en particular el de un padre, y cuando no conoces el amor lo confundes con cualquier cosa. Esta es una historia sobre las enfermedades del amor.
—¿Se puede hacer un paralelismo, salvando las distancias, entre el grupo terrorista Sendero Luminoso, sobre cuyo líder, Abimael Guzmán escribió un libro, y estas congregaciones ultracatólicas?
—También era una secta. Vivimos en un mundo bastante sectario, cada vez más las personas escogemos nuestra tribu ideológica, nacional o de cualquier bandera y nos aferramos a ella, y creemos que nos defiende de un mundo exterior que nos da miedo. El extremo son grupos tan cerrados y peligrosos como la secta de esta novela o Sendero Luminoso. Ambas captan a chicos adolescentes que no están contentos con la vida que se les ofrece, quieren algo más, una misión, un padre y una familia.
—Su novela fue censurada en México. ¿Cómo se lo explica?
—Una cadena de librerías rechazó el libro por hablar de abusos, también lo hace con muchos otros por hablar de relaciones homosexuales o de diversidad sexual. Pero no solo ellos, el algoritmo de muchas redes sociales también segrega la visibilidad según detecta ciertos temas, estamos rodeados de muchos vetos invisibles. En el caso de mi novela no me puedo quejar, primero porque la vean tan perturbadora que no se atrevan a venderla. Pero lo más fascinante es que esto creó una gran campaña, primero en las redes y luego en los medios, que creció e hizo que la cadena aceptara el libro. Los lectores lo salvaron, pero el debate quedó abierto sobre cuáles son los filtros de lo que podemos leer, que son también los límites de los temas sobre los que podemos pensar.
—Su novela recuerda a Juan Rulfo.
—Me lo dijeron en México, no lo pensé mientras la escribía, pero yo siempre leí a Rulfo como un escritor de fantasmas y yo también soy un escritor de fantasmas, sobre todo cuando hablo del pasado. Esta es una novela sobre fantasmas que se resisten a desaparecer, que siguen vivos mientras alguien los recuerde.
«No sabemos suficientes cosas de quién es el presidente Castillo»
Roncagliolo habla de la situación política de Perú. Él no votó a ninguno de los dos candidatos a la presidencia, Pedro Castillo, que logró la victoria y ya gobierna, y Keijo Fujimori, su oponente. Asegura que esta «reprodujo las estrategias de la extrema derecha, de Trump, de deteriorar el sistema para desacreditar su derrota, pero también lo pudo hacer porque Castillo es especialmente débil, silencioso». Su llegada al poder ha sido recibida con incertidumbre, caídas en la bolsa y una fuerte depreciación de la moneda,
—¿Qué opinión le merece el nuevo presidente, Pedro Castillo?
—Fue puesto por el líder de su partido, que está inhabilitado por corrupción, pero en la campaña quedó claro que Castillo no sale bien parado de entrevistas ni de debates ni de ningún lugar donde tenga que hablar. Su estrategia ha sido guardar silencio. Es oscuro y poco claro. No sabemos suficientes cosas de quién es Castillo. Ser comunista sería al menos una definición. A veces da señales de ser menos beligerante contra el mercado, otras lo desmiente la gente de su partido. En esa incertidumbre es donde se alberga el miedo. Al final ha sido una campaña en la que también han salido los fantasmas de un país, de la violencia comunista de Sendero Luminoso, de la dictadura de Fujimori. No se hablado de propuestas, de qué se puede hacer con el país. Solo ha sido una guerra entre fantasmas.
—¿Qué supone que un hombre como Castillo sea presidente?
—Es una señal de fortaleza del sistema democrático que un profesor rural sea presidente a pesar de la activa oposición de los capitales y los grandes medios de comunicación. Es muy bonito. Otra cosa es que sepa gobernar, y no tenemos ninguna constancia de ello.