La francesa Audrey Diwan relata en «Happening» la peripecia de una joven estudiante que decide abortar en la década de los años 60 del siglo pasado
29 oct 2021 . Actualizado a las 09:01 h.Como dicta el tópico, en la sección oficial está todo el pescado vendido, a falta de conocer dos títulos mientras redacto esta crónica. La Espiga de Oro deberá estar entre, al menos, media docena de filmes de los casi veinte que competían este año en la sección oficial más nutrida de la Seminci en los últimos años. El jurado, presidido por la cineasta india Deepa Mehta, lo va a tener muy complicado a no ser que prescinda en su veredicto de filmes ya galardonados en certámenes recientes, caso de la francesa Happening -en España para febrero próximo-, justa ganadora del León de Oro en Venecia. La directora, Audrey Diwan, relata la tremenda peripecia de una joven estudiante que en la Francia de los años 60 toma la decisión de abortar en la más absoluta soledad, personal, familiar e incluso administrativa, al considerarse delito, además de tabú. Más allá del suspense bien hilvanado, el guion es en si mismo otro ejemplo de cómo se escribe una buena historia.
También se presentó Las siamesas, precedida de su triunfo en los premios Sur del cine argentino, incluidos mejor película y mejor directora para Paula Hernández. Se centra en la historia de una madre y su hija, que emprenden un largo viaje en autobús desde su caserón en la ciudad hasta la costa, para ver dos apartamentos heredados de su padre. En clave de road movie asistiremos a las aristas de una relación que, en el fondo, cuestiona a la propia idea de la familia. Adapta un cuento de Guillermo Saccomano para ofrecer un intenso duelo interpretativo entre la veterana Rita Cortese y Valeria Lois, como su hija. Esquiva algunos cargantes tics del cine argentino reciente, en cuanto a exceso de verborrea, disquisiciones varias y no poca impostura. Incluso se permite un uso poco frecuente del primer plano. Puede que su paso por Seminci facilite su compra por alguna distribuidora española para su posterior estreno. Vale la pena.
Otra vez la familia. El suizo Fred Baillif, formado como trabajador social antes de meterse a cineasta, viene a contarnos en La Fam un asunto coral de varios adolescentes problemáticos acogidos en una casa a cargo de asistentes sociales con la función de complementar su formación. Puede que el asunto no sea novedoso, pero lo es su manera de afrontarlo, con un inteligente uso del flashback y el flashforward, de modo que las circunstancias de cada personaje se van dosificando y entrecruzando, al tiempo que avanza la trama y con ella su moraleja: las casas de acogida poco tienen de familia… Los chavales solo son las víctimas más vulnerables de una sociedad que mira a otro lado mientras prioriza la burocracia y se rinden a la presión político y mediática. Baillif acierta también con el reparto, en su gran mayoría jóvenes debutantes, y la pantalla transpira verdad en las situaciones recreadas.
Fomentar salas de cine en la «España vaciada»
Un año más -y van cinco-, la Seminci acogió el bientencionado Encuentro de distribuidores independientes y exhibidores, para poner sobre la mesa el serio problema de la pérdida de espectadores y del cierre de salas, situación enquistada en el mercado español -e internacional-, y agravada por la epidemia del covid-19. Estaba lo más granado del sector en una reunión coordinada por Fernando Lara, que fuera durante muchos años director de la propia Seminci. Se suscribió un documento de varios puntos para hacer llegar a las Administraciones y al propio sector, varios de ellos ya recogidos en años atrás. Se insiste en la necesidad de fomentar la educación audiovisual desde las edades más tempranas para descubrir a los más jóvenes, el valor del cine de autor consumido en sociedad ante una pantalla grande, además de alertar sobre el exceso de oferta multipantallas, que no solo diversificará el consumo sino que acabará matando al cine de autor, en las antípodas del mainstream. Se habló de la nula permanencia de la obra de autor en las pantallas comerciales, cuando no su boicot no declarado. Pero quizá en lo que se puso más énfasis es en la triste realidad de la llamada «España vaciada», con centenares de poblaciones medianas o pequeñas en las que ni existen salas por iniciativa privadas ni institucionales, y si las hay equipadas, mal gestionadas.