Todo Berlanga desvestido de tópicos

HÉCTOR J. PORTO REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

El actor José Sazatornil, Saza, el realizador Luis García Berlanga y su ayudante Isabel Mulá, durante el rodaje de la película «La escopeta nacional» (1978).
El actor José Sazatornil, Saza, el realizador Luis García Berlanga y su ayudante Isabel Mulá, durante el rodaje de la película «La escopeta nacional» (1978). Colección García Berlanga

El director valenciano emerge, en el magno trabajo coordinado por el investigador gallego José Luis Castro de Paz, como uno de los más grandes cineastas

31 oct 2021 . Actualizado a las 09:12 h.

¿A quién le importa si Berlanga era un tacaño o un supersticioso de tomo y lomo? ¿Y a quién los problemas de su mujer con el alcohol o la drogadicción de sus hijos Carlos y Jorge, que los llevó a una muerte prematura? «Los detalles de su vida privada no son objeto de estudio para nosotros, lo que nos interesa es la obra», zanja el catedrático de la Universidade de Santiago José Luis Castro de Paz, coordinador, junto al profesor Santos Zunzunegui, del magno estudio Furia española. Vida, obra, opiniones y milagros de Luis García Berlanga (1921-2010), cineasta, promovido por la Filmoteca de Valencia con motivo del centenario del nacimiento del realizador valenciano y el objetivo de «hacer un libro que de alguna manera fuera el libro de los libros, que recogiera todas las novedades y los más innovadores puntos de vista historiográficos, que tratara de construir una nueva memoria, más sensata, menos maniquea». En fin, desvestir al autor de El verdugo de esos tópicos que hablan, por ejemplo, de un director despreocupado, que no dirigía, al que las cosas le salían como por azar, que no estaba comprometido con la realidad de su tiempo...

«Son cuestiones repetidas una y otra vez, pero que no ofrecen saber sobre Berlanga: que si en el avión llevaba palillos de madera porque era supersticioso, que si le gustaba mucho el culo de las señoras, que si padecía una obsesión erótica y fetichista... ¡Qué más me da! Son aspectos totalmente secundarios que no aportan nada al conocimiento de un autor. Lo que hay que hacer es estudiar la obra y tratarla exactamente igual que un historiador de la literatura, diseccionar, analizar las películas con las armas que tiene un investigador hasta ser capaz de ver cómo están construidas y cómo se conforma el estilo, exactamente igual que hace un historiador de la pintura o de la arquitectura», incide Castro de Paz. En algunos sentidos -admite- la obra no se puede despegar de su autor, pero lo que se debe estudiar de verdad es la obra, las películas, «no cuatro cosas que Berlanga haya dicho o cuatro cosas que se hayan dicho sobre él, que también proceden si son discursos críticos».

Este trabajo trata de dejar nítidamente claro que los filmes de Berlanga «no son simplemente viñetas oportunas que sacan cosas que estaban en el aire en el tiempo de su realización, sino obras maestras absolutas del cine». Plácido, asegura, es una de las grandes películas españolas, europeas y mundiales de los 60, y Berlanga uno de los grandes directores de la historia del cine universal. «Y aquí se le aprecia. En España todo el mundo conoce a Berlanga e incluso muchos ha tarareado la canción Americanos si haber visto Bienvenido, míster Marshall. Queríamos saber por qué sucede eso pero también por qué, sin embargo, apenas es conocido en Europa como director relevante. Algunos escritores franceses apuntan que algunas de sus películas de los años 70 y 80 eran directamente intraducibles, incomprensibles fuera de España. Todo el mundo de los Leguineche, por ejemplo, las peculiarísimas relaciones de esos aristócratas trasnochados con la democracia y con el franquismo se les escapaban».