Distopías y mutaciones, en los orígenes de la ciencia ficción

H. J. P. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Nathaniel Hawthorne, Mary Shelley y Jules Verne, entre los autores presentes en la antología.
Nathaniel Hawthorne, Mary Shelley y Jules Verne, entre los autores presentes en la antología.

Una antología publicada por Siruela reúne quince relatos que abarcan el período 1710-1918

31 dic 2021 . Actualizado a las 09:24 h.

«Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana», anota el diccionario de la RAE en la entrada distopía de la mano de José María Merino, académico y escritor coruñés reciente premio nacional de las letras. Celebra la finura de su definición María Casas Robla (León, 1965) en el prefacio de la antología que confeccionó —editó, prologó y tradujo— para el sello Siruela He visto cosas que no creeríais. Distopías y mutaciones en la ciencia ficción temprana, en la que reúne quince deliciosos relatos que abarcan el período 1710-1918, horquilla cuyos extremos configuran Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745) y Valeri Briúsov (Moscú, 1873-1924). Aquí encuentran acomodo Mary Shelley, Hawthorne, Verne, Clarín, Conan Doyle, Jack London, Alice W. Fuller, H. G. Wells, Kipling, Edith Nesbit...

Esta colección de piezas en los orígenes de la ficción científica fue elaborada en plena pandemia, lo que habla de la oportunidad de esta peculiar incursión en la historia de la literatura. Al hilo de la investigación, recuerda precisamente Casas Robla que se tiene desde hace poco a 1748 como la primera vez que se usó el término distopía —de raíz griega (dus- y topos)— que después Stuart Mill, en 1868, introdujo nada menos que en el Parlamento inglés.

Llegó así para quedarse e incluso puede decirse que ha tenido una vida bastante exitosa, pero es cierto, como dice la antóloga, que 1918 es un buen año para rematar este recorrido porque la Gran Guerra hizo realidad muchos de los miedos que expresaban los autores distópicos.

Casas Robla —que tomó prestado el título del filme Blade Runner— sabe que esta colección literaria podría haber sido interminable, pero ella ha postergado la ciencia ficción en sí para decantarse por ese subgénero que «habla del miedo al otro, en persona o en grupo», y también por «cómo se refleja en la literatura el análisis de la psicología de los grupos que deriva en esa masa conformista que tan bien analizó Elias Canetti»: la masa como monstruo y el individuo como monstruo.

«La mayoría de estos relatos —aduce Casas Robla— tiene lugar en el seno de las sociedades modernas más avanzadas, en que las contradicciones entre el progreso y el bien común, entre la ciencia y el libre albedrío, entre la masificación y la libertad individual, entre la paz social y el silenciamiento de la alteridad generan la búsqueda de un nuevo orden moral, producto de un pasado obsoleto en busca de un futuro que resulta ser, la mayoría de las veces, una implacable y desoladora caricatura invertida del presente».