Triple dosis de clásicos renovados en viñetas

CULTURA

Un Corto Maltés haciendo su propia guerra en el siglo XXI; la primera parte del mejor «noir» en cómic, el Blacksad; y un renacido y estupendo Astérix. Heterodoxas propuestas para no fallar

17 ene 2022 . Actualizado a las 22:29 h.

Resulta tentador imaginarse a Bastien Vivès a sus 11 años leyendo en el periódico, quizá en Le Figaro, que el dibujante Hugo Pratt acaba de fallecer. E intuir que en ese momento el chaval, que ya le daba a los pinceles, se ve recuperando algún día las aventuras del creador italiano, embarcando a su Corto Maltés por el Mediterráneo. El caso es que, fuera de fabulaciones, con los años ese crío —hoy cercano a los 40— se ha convertido en uno de los tipos más estimulantes del cómic europeo, prolífico y audaz. Es quien ha puesto imagen a la cuarta aventura de Corto tras la desaparición de Pratt. Y la suya es, sin duda, la más innovadora. Por estas cosas es Bastian Vivès.

El caso es que en este Océano negro (editorial Norma), con guion de Martin Quenehen, el marino de patillas infinitas se mueve en pleno siglo XXI (originalmente, lo suyo era el primer tercio del XX), a las puertas de un hecho excepcional, el 11S del 2001. Navega entre piratas, claro, pero también viaja en avión, se le ve con un teléfono móvil, y en algunas secuencias desnudo, algo impropio en la serie original de Hugo Pratt. Hay que insistir: por estas cosas es Bastian Vivès. Por grandes rupturas apoyadas en el dibujo que le caracteriza, sin grandes alardes, algo difuminado cuando no interesan demasiado los personajes secundarios, pero con una intensidad que cautiva al lector. Muy reconocible. Nada de copiar al Corto original, ni por el momento de la historia ni por el dibujo. ¿Por qué imitar a Pratt?

Pero, con esa distancia, Océano negro es una historia de la que el dibujante original estaría orgulloso. Porque tiene todos los elementos necesarios —un asalto, un tesoro, el contrapunto de Rasputín, un amor imposible...— de las historias de aventuras que coronaron a Corto como el marino más célebre del noveno arte. Gustará a quien no tenga referencias anteriores, a quien se quiera iniciar en la saga y a quien le haya seguido desde hace años. Por ese movimiento ágil entre continentes, de Japón a Perú y España, y porque hay detrás la intriga de una fortuna inca escondida en los papeles de una secta misteriosa que mezcla fanatismo religioso con fanatismo patriótico. Trepidante.