«Belfast», los grises esperan fuera

Eduardo Galán Blanco

CULTURA

El cineasta irlandés Kenneth Branagh regresa a sus recuerdos de niño en Belfast, al que interpreta el jovencísimo actor Jude Hill.
El cineasta irlandés Kenneth Branagh regresa a sus recuerdos de niño en Belfast, al que interpreta el jovencísimo actor Jude Hill.

A Branagh, en «Belfast», le ha salido una película almibarada, mientras que los misterios más irresolubles del aprendizaje infantil brillan por su ausencia. Los críticos de La Voz analizan además los filmes «El cuarto de Mona» y «El pacto»

28 ene 2022 . Actualizado a las 16:28 h.

Tras los recuerdos de juventud de Paolo Sorrentino en Fue la mano de Dios, ahora nos llegan las evocaciones de la infancia del actor y cineasta irlandés Kenneth Branagh. Estamos en el verano de 1969, el niño protagonista pertenece a una familia de protestantes que tiene su hogar al norte de Belfast, en un barrio de unionistas y en el medio de una calle habitada por obreros católicos. «El medio es un mal sitio para estar», dice el abuelo del chaval para concluir advirtiendo: «Y no podemos irnos todos de Belfast, solo se quedarían los locos y se pondrían sentimentales cantando Danny Boy y bebiendo Guinness».

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La película comienza con la invasión violenta de los protestantes, la quema de casas católicas y la llegada de las tropas británicas pacificadoras. Barrios cercados con controles, vecinos de toda la vida enfrentados de golpe. La mirada del niño reduce al absurdo las intolerancias adultas: una colega más mayor lo arrastra a asaltar un supermercado católico y se llevan para casa el tesoro de un paquete de detergente. A pesar de algunos grandes momentos como esos, a Branagh le ha salido una película almibarada de más, mientras que los misterios más irresolubles del aprendizaje infantil brillan por su ausencia. Afortunadamente, la ternura de los abuelos —maravillosos Ciarán Hinds y Judi Dench— y la expresiva fotogenia del actorcito debutante —Jude Hill— le otorgan verdad a un guion algo acartonado.

Para huir hay que buscar otros mundos; solución: en la tele echan Star Trek. Belfast está fotografiada en un blanco y negro preciosista —la vida allí era en blanco y negro, seguro, pero quizá no tan reluciente— que contrasta con la vida de los cines, donde todo —Raquel Welch en Hace un millón de años— era en color. Los niños de la España franquista también sabíamos eso. El color y la luz estaban dentro del cine, los grises esperaban fuera.