Lali, actriz y cantante: «A mi ego lo trato de trabajar para que no me coma»

CULTURA

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Confiesa que los 30 le han sentado de maravilla. Y diez millones de seguidores lo atestiguan. Al tiempo que graba para Netflix la tercera temporada de «Sky Rojo», en febrero publicó tres canciones que sitúan en una órbita distinta su propuesta musical

09 mar 2022 . Actualizado a las 18:03 h.

Sencillamente Lali, sin alusión a su apellido, se quiere presentar a partir de ahora esta bonaerense, de incontenible verbo y desbordante expresividad pero con las ideas muy claritas. Lleva desde niña en la farándula. En Argentina grabó varias telenovelas, comedias románticas, y editó cuatro discos. Pero ha sido su participación protagonista en la serie Sky Rojo la que la ha convertido en objeto de deseo de ambas industrias: la audiovisual y la musical. En esta última viene de darle un giro a su carrera con la publicación de tres canciones (Disciplina, Diva y Como tú) que la alejan del estándar latino y la sitúan en una órbita mucho más actual e internacional.

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—¿Por qué tres sencillos en un mes?

—La gente que me sigue siempre me decía que tardo mucho en sacar cosas. ¿Ah, sí? Pues ahora os saco tres en un mes. A la mierda.

—¿Son representativos de lo que quieres hacer de ahora en adelante?

—Desde luego que sí. Yo vengo de un proceso de tres años de mucha incomodidad conmigo misma. Supongo que eso es madurar, hacerte cargo de tu momento y de que ya no te pasan las mismas cosas que a los 20. Y, aunque nunca me llegué a traicionar del todo, sí que con lo que estaba haciendo musicalmente empecé a sentirme fuera de mi lugar. Así que, ajena a la presión externa y de las redes sociales, tomé la decisión de frenar un segundo y de ponerme a pensar. Quería probar mi voz en otros lugares y hacer canciones muy diferentes buscando el sonido que más me molara. Yo cumplí 30 años y tengo cuatro discos de estudio. Llegar a un quinto y no hacerme ninguna pregunta me parecería bastante loco, bastante insano, profesional y psíquicamente hablando. Así que hice ese stop y pensé. Y de ahí nacieron estas canciones, que pueden gustar o no, pero son muy francas. Es el sonido que a mí me gusta, es la música que a mí me gusta hacer y son letras que reflejan quién soy ahora.

—¿Una suerte de Dua Lipa latina?

—Ojalá. ¡Semejante pivón! Artistas como ella, The Weeknd, Bruno Mars o Rauw Alejandro no están haciendo más que actualizar los sonidos de los 70 y 80. Pero lo hacen inteligentemente. Y por eso les va muy bien. En ese sentido, sí me siento identificada.

—No deja de ser curioso que este «revival» esté llegando de artistas que no vivisteis aquellas décadas. ¿Qué te seduce de aquellos años?

—A mí algo que me fascina de esa época es que como no existía el universo tecnológico actual, hay un universo de misterio alrededor de aquellas estrellas. Me fascina imaginármelos comiendo un yogur en la cama y en pijama (se ríe). Pero si no hubiese existido una Madonna, yo no amaría tanto el pop. Si no hubiera existido Michael Jackson, seguramente no me fliparía tanto bailar. Si no hubiera existido Britney Spears, no entenderíamos lo que es una industria aplastando a una estrella. En lo malo, en lo bueno, en lo personal y en lo profesional, las estrellas de aquella época nos han enseñado muchas cosas.

—En «Diva» dices que todo te sale bien. ¿Es esa la sensación que tienes?

—No. Diva es cero autorreferencial. ¡Imagínate hablar así de una misma! Qué locura. La canción es mi humilde guiño a las divas que me han forjado como fan de la música, a las que he visto caer y levantarse. De hecho, digo que bailo como Britney y visto como Cher. Y no es casual nombrarlas a ellas dos. En el videoclip parece que es todo beauty pero esa diva acaba transformándose en una estatua de oro, en alguien vacío. Usé el elemento oro para hacer gráfica la idea de riqueza, éxito y poder. Pero a fin de cuentas, el peligro es esa lágrima de oro, es esa soledad. De ahí vino la decisión de aparecer sola en el vídeo. Si hubiese puesto bailarines ya habría compañía. Pero no, ella está sola. Todo el rato.

—En el inquietante final del videoclip de «Como tú», una Lali dispara a otra Lali. ¿Qué buscas transmitir con esa imagen?

—Ya, no se sabe si es un asesinato o un suicidio (se ríe). La canción, a priori, parece de amor medio naíf. Sin embargo, no lo es. Es una canción de amor a mi yo, a que no hay nadie como yo. Y de rechazo a lo banal, a sentirme parte de una misma cosa, a dar todo por hecho, a quedarme en lo más plano. Esa imagen lo que pretende es matar a esa Lali robótica, programada. No es que me haya sentido así totalmente, pero siempre he visto el peligro de ser un robot. De la industria o de mí misma. De no poder ponerme a prueba para hacer otras cosas.

—Aunque llevas desde muy niña en el entorno de la fama, ¿te sigue asustando el precio que puedas llegar a pagar?

—Siempre. No bajo la guardia con eso. Siempre estoy muy atenta a ver cómo me vibra la gente más cercana. Es como si en su mirada pudiera ver si yo estoy rara, si a mí me está pasando algo que yo no esté pudiendo leer. Sí, es un tema sobre el que siempre estoy alerta. No porque crea que me vaya a pasar, que de verdad creo que no, pero por algún motivo necesito estar atenta a eso. A mi ego lo trato de trabajar para que no me coma. Es muy fácil confundirte. Es muy fácil convertirte en una boluda el lunes que viene. Está a la orden del día. Pero yo no soy capaz ni de relacionarme con gente que se ubica en ese lugar. No me sale. Ni por conveniencias, ni por featurings..., por nada. Para mí es más importante que un colega me aprecie a que alguien me admire por lo que hago. Pararse en el lugar del divo es reflejo de una gran incapacidad de empatía y de inteligencia.

«Me exhibo lo justo y necesario. La gente no sabe mucho de mí»

—En «Diva» ironizas con vivir de las miradas de los demás. Tienes más de 10 millones de seguidores en Instagram. ¿Cómo puedes eludir el vivir de las miradas cuando estás tan expuesta?

—Es evidente que no es algo que se pueda eludir fácilmente... (Se queda en silencio). Es difícil de explicar. La sensación es como si yo tuviera instalado un chip que hace que no me sea tan difícil diferenciar que eso no es la vida real, que eso a veces me come la cabeza. Hay momentos en los que me doy cuenta de que llevo una hora mirando Instagram y digo, «uf, sáquenme de acá».

—¿Llevas tú personalmente tus redes?

—Sí, las llevo yo. Pero bueno, no dejan de ser un juego, una ventana al mundo, no deja de ser maravilloso y a la vez superdark. Yo no sé que hice mentalmente, pero te prometo que puedo leer el comentario más horrible del mundo y lo que pienso es «pobre pibe el que me está escribiendo esto». Así como cuando me escriben «eres un ángel caído del cielo», sé que tampoco es verdad.

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—¿Te gusta exhibirte?

—Lo justo y necesario. No creas que me expongo tanto. La gente no sabe mucho de mí. No sabe quiénes son mis amigos verdaderos, ni cómo me relaciono con ellos. Porque eso no lo subo. A pesar de esa sensación que hay hoy de que si no posteas algo en Instagram es como si no lo viviste. No, yo me comí este pollo en este restaurante lo suba a Instagram o no. Yo es que soy de los 90. Yo crecí sin esto.

—Dices que posteas poco. Menos mal, porque vaya lío que montaste cuando dijiste que Messi vio un post en el grupo de tus mejores amigos.

—Eso fue una tontería tan grande que no sé ni qué decirte. Solo puedo decir que perdón. Yo no conté eso en El Hormiguero con la intención de incomodar a nadie. Era un comentario de compatriota, dedicado a uno de mis más grandes ídolos. Pero no había maldad ninguna. Si salí después a aclararlo fue precisamente porque tenía cero importancia.

—Estás grabando nueva temporada de «Sky Rojo». ¿Qué nos puedes contar?

—Sí, estamos en el rodaje de la tercera y última. Aquí ya se termina la historia. Sigue la persecución, pero la particularidad de esta temporada es que hay un momento en el que parece que estas tres prostitutas finalmente van a poder salir adelante con sus vidas, pero su pasado sigue persiguiéndolas. Otra novedad es que entran personajes nuevos.

—Uno de ellos, por cierto, interpretado por Rauw Alejandro.

—Sí, es su primera experiencia actuando. Está ahí, todo responsable, con su guion porque quiere hacerlo bien. Es un tipo muy guay, como muy noble. A pesar del éxito que tiene a nivel mundial, tiene ganas de currárselo y está con toda la energía. Me contó que cuando le propusieron el papel dijo que sí sin pensárselo, porque él era muy fan de la serie.

—¿Qué te ha aportado el personaje de Wendy desde el punto de vista personal y desde el profesional?

—Desde el personal, muchas cosas, sobre todo por la aproximación que hace la serie a un universo muy poco abordado en la ficción, como es el de la trata de mujeres. Me parece importante que gracias a Sky Rojo en 190 países tenga conocimiento de este tema toda una generación a la que se le oculta debajo de la alfombra las mierdas de la sociedad. Y a nivel profesional, nunca había estado en una serie de esta envergadura fílmica. Todo es enorme, todo es ambicioso y todo es muy loco. Es maravilloso.

—Llevas año y medio en España, ¿que referencias tienes de Galicia?

—Mi referencia en Argentina era que se les llama gallegos a todos los españoles. Y ya en España, es que todo el mundo me habla de la comida de Galicia. Tengo que confesar que nunca he ido. Pero antes de volverme, por supuesto que voy a conocer Galicia. No puedo irme de España sin ir a comer a Galicia.