«Yellowjackets»: La mujer es una loba para la mujer

CULTURA

Una fábula negra con pinta de serie juvenil, que dialoga con la psique y evoca tanto a «Lost» como a «El señor de las mocas». No apta para impresionables

10 abr 2022 . Actualizado a las 13:14 h.

De Yellowjackets me quedo con Cristina Ricci, con cómo borda el papel de pirada. Con la meticulosidad de quien escogió los pares de actrices —las jóvenes y sus versiones adultas, y viceversa—: gracias, responsables de cásting, porque por una vez se parecen, comparten no solo tics gestuales sino también rasgos físicos, casi parecen compartir genes. Pero es que además los seleccionadores del reparto han reunido para la ocasión a un puñado de nombres que en los noventa encarnaron a jóvenes oscuras, hábil metamovimiento. Su tono es tal cual el de aquel cine independiente tan bien defendido por féminas.

Me quedo con el looping en el estómago cada vez que algo acecha en la pantalla, con su capacidad para mantener en tensión los músculos del espectador, especialmente su mandíbula. Qué rato de malestar y, al mismo tiempo, de exigente atención. Me gana el misterio, que aquí lo es todo: una intriga por personaje. Y que sus tramas, bien hiladas pese a lo arriesgado de la propuesta, hayan reactivado en mi cerebro un encaje de bolillos que llevaba en letargo desde los tiempos de Lost: la elaboración de múltiples teorías conspiranoicas, cada cual más loca que la anterior. Veo aquí Perdidos, claro, y también El señor de las mocas y, por supuesto, ¡Viven! —mucha pista aquí—, pero apunto un detalle definitivo: son casi todo chicas las que en mitad de un frondoso y desapacible bosque canadiense tienen que arreglárselas para sobrevivir.

Me quedo con todo lo que hay bajo la superficie de esta fábula negra con pinta de serie juvenil, con cómo dialoga con la psique, con cómo muestra sutilmente —sobre todo, a través del canibalismo— la relación de las mujeres con el cuerpo, con el propio y con el ajeno. Y pienso: dónde están los límites cuando uno está desesperado.