Yanagihara destruye tres mundos y promete un paraíso

CULTURA

BENITO ORDOÑEZ

La autora que nos conmovió con «Tan poca vida» nos ofrece ahora «Al paraíso», una novela poliédrica que nos saca de nuestra zona de confort

15 abr 2022 . Actualizado a las 09:29 h.

Prepárate para lo inesperado, para sentirte confuso y también emocionado. Hanya Yanagihara nos muestra que el camino al paraíso no es fácil y lo hace a través de tres historias que desafían nuestra pericia lectora. Son tres tramas independientes que se desarrollan en momentos temporales distintos. Tres relatos de desigual interés (el último es realmente un cinco estrellas y no tanto el segundo) que combinan épocas y tramas muy diferentes y permiten a sus personajes nuevas vidas. Una obra de realidades alternativas y distópicas que engancha y también horroriza. Doscientos años separan el viaje que nos lleva desde el primer relato al último. Un trayecto extenso y profundo que, como todo en la vida, también tiene sus altibajos. 

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Washington Square

La novela arranca con una historia de amor ubicada en los Estados Unidos de 1893. Una trama romántica que bien podría parecer una novela de Jane Austen o Henry James, con sus matrimonios concertados, sus herederos de fortunas desgraciados y sus amores no correspondidos, si no fuera por algunos pequeños detalles que lo ponen todo patas arriba y que en las primeras páginas te harán volver sobre lo leído para comprobar que has entendido bien. Yanagihara, que reescribe la historia de Estados Unidos con un giro muy original, presenta aquí a sus protagonistas: David Bingham y Charles Griffith, uno es un refinado joven heredero insatisfecho con su vida, y el otro, el hombre maduro que lo pretende en matrimonio. El tercero en discordia será Edward. Porque, sí, lo has entendido bien, en esta versión alterada de la historia la homosexualidad se admite con plena normalidad y sin ocultación alguna. Quédate con sus nombres porque se repetirán en las otras dos historias aunque encarnando nuevas biografías. Para los lectores pacientes sugiero el ejercicio de buscar los patrones de comportamiento que se repiten en los personajes que comparten nombre: así, yo he visto que los David son jóvenes y están apegados a la familia y al pasado; los Charles son mayores y de buen corazón, son un apoyo para David. Los Edward son impredecibles, pura energía. Juntos forman triángulos imperfectos que son la base de las tres patas de esta novela singular, que, no te asustes, porque se disfruta de verdad sin necesidad de tanto análisis.

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Con la segunda parte el tempo de la narración se ralentiza. En esta trama, que la autora ubica en 1993, la acción se divide en dos secciones. En la primera, David es un joven asistente legal enamorado de un maduro abogado de la firma en la que trabaja: Charles. Otra vez lujo y glamur en un entorno en el que la plaga del sida (aunque no se nombra) planea oscureciendo la felicidad. Una subtrama nos traslada a Hawái y a una historia de decadencia de una familia de la realeza local que nunca llegará a gobernar. Un canto contra el colonialismo y un relato de abuso y dependencia. En mi opinión, es la parte más floja.