Theodor Kallifatides: «Empezar a escribir joven fue mi forma de sobrevivir a la realidad»
CULTURA
El autor sueco, de origen griego, preocupado por el auge en Europa de la extrema derecha
17 nov 2022 . Actualizado a las 15:58 h.La vida de Theodor Kallifatides (Molaoi, Grecia, 1938) es un reflejo de la historia de Europa durante el último siglo. Nacido en el año previo al inicio de la Segunda Guerra Mundial, vivió las consecuencias del conflicto de cerca. Tras la ocupación de Molaoi por el ejército alemán, su padre fue encarcelado. Posteriormente, y tras su liberación, la familia se vio obligada a desplazarse a Atenas por motivos de seguridad. Con 18 años, emigró a Suecia en busca de trabajo, y fue allí donde escribió su primera obra. Desde entonces, reside en el país nórdico. El sello Galaxia Gutenberg acaba de publicar en español su novela Timandra, que rescata a una fascinante figura femenina de la antigüedad griega y le da voz en primera persona para narrar su vida y la Atenas de su tiempo, entonces en plena guerra [del Peloponeso] con Esparta. El autor, que ha sonado varias veces como posible candidato al Nobel de Literatura, conversó este miércoles con los alumnos del IES Rafael Dieste de A Coruña y concedió una charla en la Fundación Luis Seoane. El jueves está en Betanzos, por la mañana, con los alumnos del instituto Francisco Aguiar, y por la tarde, en el aula de cultura. Su presencia cuenta con el apoyo de la sección gallega de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y la plataforma SOS Clásicas.
—En «Lo pasado no es un sueño», escribe: «[En Grecia] interpretaba las voces y no las palabras. La necesidad y el miedo siempre originan inventos». ¿Se ha quedado con usted alguno de aquellos inventos de supervivencia que desarrolló durante la guerra?
—Sí, eso creo, porque, aunque la vida cambia, algunas cosas permanecen. No puedes cambiarlas porque no puedes alcanzarlas, no sabes exactamente donde están situadas dentro de ti. Es como los viejos hábitos, es muy difícil cambiarlos. Todos necesitamos formas de defendernos contra la realidad. Estas cambian en función de la persona, y yo tengo las mías.
—¿Qué defensas desarrolló durante su infancia en Grecia?
—Mi infancia fue durante la guerra, y fue pobre y muy insegura. Pero tenía una madre y unos abuelos que me querían y cuidaban de mí. Empecé a escribir muy joven y supongo que eso fue parte de mi defensa para poder sobrevivir. Pero no tenía el tipo de sufrimiento que más vive la gente hoy en día: la falta de amor. Mi familia me quería y yo siempre lo supe, incluso cuando nos peleábamos. Estábamos muy unidos. Fue una infancia muy dura en algunos sentidos, pero a la vez tuvo momentos muy buenos.
—Empieza el libro guiado de la mano de su abuelo en una Atenas convulsa, buscando a sus padres. ¿Cuál es su rutina cuando camina de la mano de sus nietos?
—A esto me refiero cuando digo que, a veces, creamos símbolos de lo que es el amor. Intento imitar a mi abuelo siendo como él era conmigo. Creo que los niños no solo necesitan que se les eduque, sino también que la familia sea un lugar seguro al que puedan recurrir. Es importante dedicarles tiempo, aunque, a veces, los abuelos jóvenes no pueden hacerlo por cuestiones laborales. Por eso, ahora intento aprovechar el tiempo para dedicárselo a mis nietos, algo que antes me costaba más hacer por mi trabajo.
—En su juventud, huyó del fascismo. ¿Ha regresado el fascismo a Europa o tiene otro nombre?
—Aunque los símbolos sean distintos, el centro del pensamiento es el mismo. Se empieza con esas ideas de que un país es el mejor, ese nacionalismo extremo, y se va incluyendo ese discurso de odio hacia los inmigrantes, hacia las mujeres... La extrema derecha, en su raíz, continúa siendo la misma.
—Como sociedad, ¿estamos olvidando nuestra historia reciente?
—Obviamente. Si no estuviésemos olvidando nuestra historia, sería imposible que miles de personas en toda Europa votasen a partidos de extrema derecha.
—Cuando emigró a Suecia, decidió escribir en sueco porque, para usted, representar la sociedad sueca en griego no terminaba de tener sentido. ¿Los idiomas tienen un papel importante en la representación de un lugar?
—Sí, claro. En el idioma propio de un sitio existen palabras más acertadas para describir sus realidades. Por eso decidí escribir en sueco, porque en griego podría haber palabras que fuesen correctas para describir lo que pasa en Suecia, pero no tan acertadas.
—Posteriormente, decidió retomar el griego como lengua para escribir sus últimas obras. ¿A qué se debe este cambio?
—Cuando cumplí 75 años, decidí hacer un viaje a Grecia con mi mujer porque sentía que me había desconectado de mi país y quería ver cómo estaba la situación ahora. Estando allí, y siguiendo la actualidad, volví a conectar con mis raíces y decidí escribir en mi lengua materna.
—¿Le queda «Otra vida por vivir»?
—Creo que, dentro de nuestra propia vida, todos podemos vivir varias vidas. Lo que no podemos es cambiar nuestra esencia, nuestra personalidad. Tendría que pasar algo muy grave en nuestra vida para que cambiásemos en eso. Pero podemos incorporar cambios que, aunque no son radicales, sí son otra vida.
—Y después de esta vida, dentro de muchos años, ¿dónde le gustaría ser enterrado?
—En Suecia, para que mis familiares puedan visitarme. Creo que los símbolos son importantes porque ayudan a algunas personas a llevar mejor ciertos momentos. Por eso, creo que es bueno que si un familiar quiere acercarse una vez al año a dejarme una rosa, pueda hacerlo. Me gustaría estar enterrado en un sitio donde mis descendientes puedan visitarme, y ese sitio es Suecia.