«Ennio. El maestro», sentado en un sillón azul

Eduardo Galán Blanco

CULTURA

Ennio Morricone, ensayando en su despacho de trabajo.
Ennio Morricone, ensayando en su despacho de trabajo.

Giuseppe Tornatore narra la historia del cine con una agilidad pasmosa, de la mano de Morricone, tejiendo un recorrido por los últimos sesenta años de sueños enlatados. Los críticos de La Voz de Galicia analizan además los filmes gallegos «Eles transportan a morte» y «Devolvendo o golpe»

13 may 2022 . Actualizado a las 08:03 h.

Dos horas y media ha necesitado Giuseppe Tornatore para contarnos la vida y el proceso creativo de Ennio Morricone, con el que empezó a colaborar en Cinema Paradiso. Y, para que hablara cómodamente, sentó en un sillón azul al creador del «himno al desafío» —La muerte tenía un precio—, la música de cine más tarareada de la historia —según un libro de excesos que hay en inglés— junto a los silbidos de El puente sobre el río Kwai y los violines que apuñalan en Psicosis. Ciento cincuenta minutos también pueden parecer un derroche —como los récords reflejados en el Guinness—, pero no se hacen largos. El maestro y sus expresivas manos cuentan y cantan la historia del cine con una agilidad pasmosa, tejiendo un recorrido por los últimos sesenta años de sueños enlatados. Ahí está, repasando recuerdos, un hombre frágil en su vejez, enérgico en sus certezas, entrañable en sus dudas. Tornatore salpica esas evocaciones con las opiniones, de archivo y grabadas exprofeso, de los que trabajaron con él en la alquimia de hacer una película.

Ennio comienza con el primer plano de un metrónomo y con el protagonista haciendo sus ejercicios gimnásticos matutinos. Rodeados de cientos de partituras —¡hubo años que Morricone hizo la música de 18 películas!—, encontramos mil historias —«su mundo todavía no ha sido descubierto»— de este músico personal y vanguardista que «es la gran excepción de todas las reglas»: el padre, la trompeta, la radio, el ajedrez, Stravinski, Verdi, los arreglos para Gianni Morandi, el uso de la máquina de escribir como instrumento musical, el canto del coyote, la música concreta, hacer melodía con el vuelo de una mosca...

Y tenemos la certeza de que en este mundo digital ya no volverá a haber pequeños gigantes analógicos como el compositor que «creaba personajes con la música». «Ennio, he visto la película en tu música», le dijo el director Roland Joffé al escuchar el oboe de la banda sonora de La misión.