Los Dardenne recuperan en Cannes su antídoto contra el odio en el filme «Tori et Lokita»

José Luis Losa CANNES / E. LA VOZ

CULTURA

Los veteranos cineastas hermanos Dardenne posan en la alfombra roja con el elenco de «Tori et Lokita».
Los veteranos cineastas hermanos Dardenne posan en la alfombra roja con el elenco de «Tori et Lokita». E. Gaillard | Reuters

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25 may 2022 . Actualizado a las 09:00 h.

En sus últimas películas habían acusado los hermanos Dardenne, pertrecho fundamental del humanitarismo elemental desplegado en una pantalla, un cierto desfondamiento creativo. No sé qué argumentarán quienes pensaban que ya no era perentorio su cine urgente contra las exclusiones, ahora que vivimos en un mundo donde grupos que aspiran al poder -ya lo arañan en algún lado y pueden alcanzarlo globalmente pronto- lanzan desde su arcabuz del odio emponzoñadas flechas con el acrónimo menas.

Frente a ellos, Tori et Lokita recupera las historias no ya de combate sino de autodefensa. De antídotos contra su veneno. Esto es lo que los Dardenne ofrecen con su historia de emigrantes sin papeles forzados a terminar habitando literalmente los subsuelos de un galpón, donde son explotados para que cultiven en invernaderos plantas de cannabis para venta en menudeo.

La joven Lokita y el crío Tori, su hermano no de sangre pero -aun mejor- de compromiso emotivo e indestructible de supervivencia, se salvaron de la primera sima, la tumba del Mediterráneo. Pero no de esa vida bajo tierra, en las sentinas de un galpón perdido en ninguna parte, víctimas de las mafias y del sistema que los ilegaliza. No se ilegaliza a un ser humano. Eso clama el filme de los Dardenne con una sencillez dramática movilizadora.