Diplomada en Ciencias Empresariales y empleada en la Biblioteca Pública Jovellanos de Gijón, Alicia García se dio a conocer en el mundo de la literatura con su primera novela «Buenos días», galardonada con el Premio Princesa Galiana 2008 y ha lanza ahora «El secreto de Erna»
19 jun 2022 . Actualizado a las 13:50 h.La escritora Alicia G. García (Gijón 1972) ha considerado que su última novela «El secreto de Erna», un relato de supervivientes con varias tramas superpuestas editado por RBA, es la «mejor escrita y la más negra» de las cuatro que ha publicado del género policial.
La autora ha dicho que escribió esta novela como «un homenaje a los supervivientes» protagonizados por una pareja de policías con sus propios conflictos personales que descubren el drama de los hijos engendrados por soldados alemanes en contra de la voluntad de sus madres en los países ocupados durante la segunda guerra mundial.
«Todos somos sobrevivientes porque en algún momento de nuestras vidas nos tenemos que enfrentar a alguna situación límite y estamos obligados a superarla», ha dicho la escritora.
«El secreto de Erna», que salió a la venta el pasado 2 de junio y ha sido presentada en la Feria del Libro de Gijón, es la cuarta novela negra de la autora, después de «Y por fin el silencio», «La cárcel», Premio Internacional de Narrativa Marta de Mont Marçal 2020, y «Susurros del pasado», Premio Princesa Galiana 2021.
Diplomada en Ciencias Empresariales y empleada en la Biblioteca Pública Jovellanos de Gijón, García se dio a conocer en el mundo de la literatura con su primera novela «Buenos días», galardonada con el Premio Princesa Galiana 2008, y ha alternado el género negro con relatos infantiles.
Ha considerado que «el secreto de Erna» es su obra más elaborada y la que está mejor escrita, porque ha logrado alternar la trama principal, la investigación de un asesinato, con otras subalternas en las que están presente los traumas psicológicos de los dos policías que trabajan en el caso y la sensación de desamparo de unos niños con un pasado conflictivo.
En la obra, la inspectora Olivia Garrido y su compañero el investigador Alejo Verdalles están obligados a trabajar juntos en un caso que les enfrenta a sus propios conflictos, a raíz del hallazgo del cadáver de un conductor de un coche en una carretera de las afueras de la ciudad de Gijón
La inspectora, que ha llegado a la Comisaría de Gijón trasladada desde otras dependencias, busca superar el trauma que le ha dejado una infancia difícil al ser hija de una prostituta y el agente Verdalles intenta asumir su reciente paternidad como paliativo de una mala relación familiar.
La investigación de lo que a primera vista parece un crimen fácil de esclarecer se complica por el hallazgo, en la misma carretera a pocos metros del vehículo, de una niña incapaz de pronunciar palabra alguna y que hace aflorar los fantasmas del pasado de los agentes y retrotrae a un capítulo oscuro de la historia, la segunda guerra mundial.
García ha explicado que todos los personajes son unos «supervivientes» porque no dejaron que sus traumas infantiles condicionaran su conducta como adultos y pudieron elegir el lugar que ocupan en el mundo con cierto grado de libertad.
La escritora ha dicho que no cree en la generalización de que las personas son malas por lo que padecieron en el pasado ni que todas que tuvieron una infancia feliz vayan a ser buenas, porque «uno siempre puede optar» y «el pasado no te condiciona».
En ese contexto, su última novela policíaca introduce la historia, basada en hechos reales, de los niños engendrados en relaciones no consentidas entre soldados del ejército alemán y mujeres nativas en los países ocupados durante la segunda guerra mundial.
Esos niños son víctimas de una situación extremadamente cruel al ser rechazados por su propia madre y quedaron en el desamparo afectivo al finalizar la contienda, ha destacado la autora.
García ha dicho que la elaboración de una novela como ésta, de unas 400 páginas, le lleva entre un año y un año y medio, y que comienza a escribir cuando tiene definida la escena final.
«En todos mis libros, hasta en los cuentos infantiles, no comienzo a escribir si no tengo en la cabeza la escena final, que debe ser una secuencia corta sin descripciones excesivas», ha afirmado. Prefiere un lenguaje directo, simple, que sea comprensible, en el que los diálogos expliquen no solo los personajes sino también las situaciones, informa Efe.