El fiestazo de C. Tangana en Llanera

Álvaro Boro

CULTURA

C. Tangana, estrella de la jornada inicial
C. Tangana, estrella de la jornada inicial Xoán A. Soler

El Madrileño llena el Boombastic con 40.000 seguidores

22 jul 2022 . Actualizado a las 09:13 h.

Después de la caravana hasta llegar a Llanera, las colas de entrada, las colas para que te metan el dinero en la pulsera pa pagar, que aquí nadie se libra, entras al Boombastic es un mundo aparte: un mundo hecho de risas, saltos, brindis y purpurina y brillos en la cara. Cuánto daño han hecho Coachella y el Burning Man; que estamos en Llanera, guaja. A menos de 200 metros está el restaurante Peña Mea donde hay unos novios de tarta inmensos, los cortinajes son espesos y de colores imposibles y las paredes te deslumbran; aquí hay una capilla donde te puedes casar y allí un hórreo. Cosmopaletismo, los de los brillos; cosmocostumbrismo, lo de allí. Mucho más parecidos de lo que creen, tan parecidos que son lo mismo.

Taburete puede que no sean los mejores músicos, tampoco los peores ni mucho menos, pero en lo que tienen Cum Laude es en animar al personal y dar show: que es a lo que venimos aquí los que venimos. Es difícil enganchar a hora temprana y sin copas de por medio, pero lo hacen, joder, lo hacen: a sus pies.

Todo iba bien menos el bar, no se pueden servir copas en Llanera como si estuviésemos en el Harry’s Bar, que esto ye Asturias, ho. Guarda el jigger para otro sitio. Y menos te puedes quedar sin hielo. No me joder.

Todo el mundo está hoy aquí por C Tangana, y menudo espectáculo que da el Madrileño, el amigo de Agapito Maestre. Imposible llegar a las primeras filas, sólo los listos que son los que más cara tienen. Hoy si no liga la gente, que lo den por imposible. Qué cantidad de impresentables que en lugar de disfrutar están buscando el vídeo: menuda plaga que nos invade: más droga y menos instagram. El milagro sucedió, se hizo carne y se llama Antón. Ha hecho más Pucho por España que todas las políticas de los últimos años. Lo que le falta a C Tangana, además de la Húngara, los Carmona y El Niño de Elche es al Canijo de Jerez: de lo bueno lo mejor. Y porque se nos fue Silvio y el Migué , que eran los mejores de todos en esto de animar y del neoflamenco. A mí que me den al Agujetas. Un día soñé que Antón interpretaba un tema con Silvio, y lo mejor de España se daba la mano. No sé qué espera a hacer una versión del mejor rockero de España, el que inventó, mucho antes lo del traje y el glamour, junto a Triana y a Smash lo bueno que tiene España. También hay que decir que El Niño de Elche no es lo mismo, pero se le parece.

Merece la pena pagar todo lo que hay que pagar para estar aquí los tres días sólo para esto. De verdad, la verdad, sólo la verdad. Entre el barro, la hierba, las colas, las copas cortas, la falta de hielo; todo lo que quieran, pero esto es la hostia. Cierra con «Se están muriendo de envidia» y todo el mundo da palmas y baila, como durante todo el concierto, pero más.

Parecía que acababa, pero siguen.  Como una de esas fiestas gitanas que soñamos vivir algún día y sin ser señoritos, en un prao, sin claves en el ojal ni que antes Curro Romero baje al Espíritu Santo ni Rafael de Paula pare los relojes. Como se parece el flamenco a los toros, pero sin ser el arte sublime: aquí nadie se juega la vida. Pero, en verdad, es lo mismo: cada día que se suben a las tablas y al filo de la faca. «Esta ambición desmedida» canta en camiseta de tirantes como mis abuelos, como Trigueros, como la gente hambrienta que siempre somos: hay que apretar, y se aprieta. «Lo hice por ti», lo hizo por nosotros. El Dios es Sabina, el hijo Calamaro y el Espíritu Santo El Madrileño.

Y después la nada. Poco importa todo lo demás. Deep Boombastic.