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CULTURA

«Bullet Train»
«Bullet Train»

La última película protagonizada por Brad Pitt es «un revoltijo sin armonía o estilo, juntando lo peor de Guy Ritchie y de Tarantino»

05 ago 2022 . Actualizado a las 11:41 h.

«BULLET TRAIN»

Descarrilando

Eduardo Galán

Con Bullet Train, Brad Pitt se ha subido a un vehículo —un tren, mismamente— que quiere explotar el grato recuerdo de su papel en Érase una vez en Hollywood. La jugada le ha salido rana. O mariquita. Mariquita es el nombre en clave que le da su jefa —Sandra Bullock, vista y no vista— al asesino protagonista de la película, un Pitt vestido con un ridículo sombrero de pescador y ropa casual. Las instrucciones son: súbete al tren bala en Tokio, coge un maletín cargado de dinero que llevan dos tipos indeseables, y, dos horas y media después, bájate en Kioto. En el tren —con recuerdos al Desde Rusia con amor bondiano—, además de los dos hermanos gemelos que no parecen gemelos, solo viajan asesinos extravagantes, entre ellos Bad Bunny —su «interpretación» no es mala, es lo siguiente— y la frágil «escolar» Joey King, capaz de matar a un niño de 6 años. De entre todos los frikis a bordo, sobresale la falsa azafata encarnada por Zazie Beetz, que ya trabajara con David Leitch en Deadpool 2.

Es cierto que algunas de las peleas coreográficas son ingeniosas —el director fue extra de acción, doblando, entre otros, a Pitt—, mezclando a Jackie Chan con Gene Kelly. Y hay bromas conseguidas, exceptuando las de los inodoros japoneses y sus chorritos característicos. A veces, Pitt es más Peter Sellers en El guateque que otra cosa. Y esos son los instantes en los que la película no descarrila. Pero, en realidad, todo es un revoltijo sin armonía o estilo, juntando lo peor de Guy Ritchie y de Tarantino; de Snatch a Kill Bill pasando por RocknRolla. Un pastiche falsamente pop, con la coartada de lo pulp.

Bullet train es realmente agotadora, por mucho que juegue al guiño del refocile. Hay tanta acumulación de gracietas vertiginosas que ese exceso produce náuseas: ir a 300 por hora no es una virtud per se. Lo de siempre en el cine de hoy, no hay que confundir ritmo con velocidad.