Al rescate del gran Arturo Bandini

H. J. P. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

John Fante (Denver, Colorado, 1909-Los Ángeles, California, 1983).
John Fante (Denver, Colorado, 1909-Los Ángeles, California, 1983).

El biógrafo de John Fante recupera de entre viejas revistas 18 piezas inéditas

24 ago 2022 . Actualizado a las 09:13 h.

Es uno de los clásicos mayores ocultos (malditos) de la literatura norteamericana. Legatario de grandes genios del humor como O. Henry y Mark Twain y maestro y precursor de Charles Bukowski, Raymond Carver y hasta de la generación Beat, sin su figura, el realismo sucio estadounidense es un territorio más difícil de comprender. Hoy casi nadie discute a John Fante (Denver, Colorado, 1909-Los Ángeles, California, 1983), que con su obra poco prolija brilla con luz propia (personalísima) en lo más alto, sobre todo si se habla de la novela corta y del cuento.

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Apenas ostenta una decena de libros, de los que cuatro los ocupan otras tantas novelas protagonizadas por su álter ego Arturo Bandini. Por eso —incluso por la razón de su escasez— cobra tanta relevancia el rescate, de entre viejas revistas y publicaciones desaparecidas, de dieciocho piezas —inéditas desde entonces—, unos textos por los que pulula libremente de nuevo Bandini, y entre los que además puede hallarse un prólogo maravilloso que preparó para su novela Pregúntale al polvo.

Precisamente, el lector ya conocía el que para esa misma obra elaboró Bukowski en 1979. Allí, el creador de Henry Chinaski se recordaba un joven harto de no poder leer algo que tuviese que ver con él, con las calles y las personas que lo rodeaban, harto de aquellos que «se dedicaban a hacer juegos de prestidigitación con las palabras», que «no tenían prácticamente nada que decir» y «pasaban por escritores de primera línea». Viajó a los autores rusos antes de la Revolución bolchevique, vagabundeó por las estanterías de la Biblioteca Pública de Los Ángeles dedicadas a la filosofía, la religión, la geología, las matemáticas, la cirugía... hasta que dio por azar con un volumen de Fante. Y, entonces, como «el hombre que ha encontrado oro en los basureros municipales», celebró a un escritor en el que había fluidez y energía propia —«allí se había esculpido algo»—: «He ahí, por fin, un hombre que no se asustaba de los sentimientos. El humor y el sufrimiento se entremezclaban con sencillez soberbia. Comenzar a leer aquel libro fue para mí un milagro tan fenomenal como imprevisto». Bukowski entiende que está ante un autor que escribe «con el corazón y las entrañas» y sus obras «no hablan de otra cosa». Y concluye, en una afirmación de la literatura sencilla, pura, sincera, ingenua y a la vez demoledora de Fante, que practicó una forma de escritura y una forma de vida en las que «se dan las misma constantes: fuerza, bondad y comprensión».