Luca Guadagnino hace caja en Venecia con Timothèe Chalamet como vampitrito pegamoide

José Luis Losa
José Luis Losa VENECIA / E. LA VOZ

CULTURA

Luca Guadagnino, en el centro de la imagen, rodeado por los actores Mark Rylance, Taylor Russell, Timothèe Chalamet y Chloe Sevigny.
Luca Guadagnino, en el centro de la imagen, rodeado por los actores Mark Rylance, Taylor Russell, Timothèe Chalamet y Chloe Sevigny. Guglielmo Mangiapane | Reuters

El cineasta francés Romain Gavras deflagra la violencia de la caldera racial francesa en la potente y cuestionable película «Athena»

03 sep 2022 . Actualizado a las 10:02 h.

Soy muy partidario del talento de Luca Guadagnino. Es capaz de apuntalar desde la más absoluta sobriedad un amor iniciático como el de Call Me By Your Name. Y, en sentido opuesto, de emborrachar de excesos y pansexualidad una pieza dorada del cine libertario y muy loco titulada Cegados por el sol, que fue, por cierto, muy abucheada por una audiencia de cabestros en esta Mostra hace siete años.

Seguramente aquellos que patearon aquella libérrima celebración son los mismos que se han roto ahora las manos aplaudiendo Bones and All, que supone el aburguesamiento de un autor cuyo valor era su aprecio por la belleza aun a costa de la irracionalidad. Si algo define Bones and All es todo lo contrario: una película de cálculo, diseñada para colocar en el mercado un producto destinado a pillar cacho entre audiencias centennial y, en general, entre la fangoria enloquecida por ese mal de nuestro tiempo llamado Timothèe Chalamet.

Guadagnino se sirve de una novelita de vampirismo adolescente, no tan alejada del universo pre-chanante de Crepúsculo, para ofrecernos a Chalamet como objeto de culto o de deseo, como carne que come carne. Y para envolverlo en un love story interracial que abona también ese territorio para que un público mainstream no se arredre ante el canibalismo como naturaleza de los seres extraños pero en absoluto fascinantes de su película.

Fotograma de la nueva película de Luca Guadagnino, «Bones and All».
Fotograma de la nueva película de Luca Guadagnino, «Bones and All».

La historia -más plagiaria que deudora de universos como los de Stephen King- lima todas las aristas de estos personajes que han nacido con la trágica necesidad de precisar alimentarse de humanos vivos. Y hace que todo resulte asimilable, cine de colmillo afeitado. Vaya tristeza que el Guadagnino que se atrevió -cuando poseía los ases en la manga del éxito comercial de Call Me By Your Name- con un arriesgadísimo y visceral remake del clásico de terror de Dario Argento Suspiria venga ahora -cuando precisamente el estrepitoso fracaso comercial de aquel filme y de una serie, We Are Who We Are, interesante y también subversiva, que realizó para HBO- a tener que desdecirse de su rumbo. Y a tratar de hacer caja en Hollywood con esa fuente de producir dinero y de ser desleal con los directores que le dieron su primera oportunidad que es Chalamet.

Arde París pero arde mal

El francés Romain Gavras es un caso de cadena de herencia genética fallida. Su padre es el totémico Costa-Gavras. Otra de las hijas de Costa, Julie, también decidió seguir la llamada del cine y ha demostrado su sutileza en filmes como La culpa es de Fidel. Romain no tuvo provecho en ese ADN familiar. Su carrera es peor que olvidable.

Aquí presentó en la sección oficial Athena, que mejora su currículo. Es formalmente muy ambiciosa en su inmersión en la banlieu de París. Y en algo más que una trifulca de bandas. Una guerra total entre los marginales y la policía.

El realizador francés Romain Gavras.
El realizador francés Romain Gavras. Claudio Onorati | Efe

Cuenta Gavras, como apoyo en el guion, con Ladj Ly, autor de la poderosísima Les Miserables, que fascinaba como planteamiento de una rebelión racial en toda regla en el París de la inmigración. Athena quiere igualmente epatar con un montaje de planos secuencia espectaculares que van dibujando ese campo de batalla donde los cuatro hijos de un magrebí -un policía, un camello, un perturbado y un agitador- acompañan esta deflagración de fuego y de furia contra el orden establecido.

A ratos alcanza Athena cierto grado de poderío visual. Y un caos de oscuridad no desdeñable. A mí me extenúan los decibelios siempre en lo más alto y el exhibicionismo de cámara al servicio de un objetivo que finamente resulta ideológicamente cuando menos vacuo, sino pérfido. O sea, que arde París. Pero arde mal.

Frederick Wiseman, un funeral

También han metido en el concurso por el León de Oro Un Couple, que es noticia porque se trata de una película de Frederick Wiseman que dura 64 minutos. Aquí hemos visto muchas obras de Wiseman donde desentrañaba en metrajes de hasta cuatro horas las esencias de la National Gallery, del Ayuntamiento de Boston, de la Biblioteca Pública de Nueva York, de Berkeley, del Crazy Horse o la ópera de París.

Ese es el universo Wiseman: ir entrando, casi como un entomólogo, en universos varios y extraer su espíritu desgranado en duraciones a veces dolorosas. Por eso tiene muy poco sentido ver aquí concursando por el León de Oro (cosa distina hubiese sido programarla en un pase para adictos) un proyecto diferente a toda su filmografía.

El cineasta Frederick Wiseman y la actriz Nathalie Boutefeu, en Venecia.
El cineasta Frederick Wiseman y la actriz Nathalie Boutefeu, en Venecia. Claudio Onorati | Efe

Obligado por la pandemia y sus 92 años a no moverse por mastodónticos edificios, instituciones públicas o cabarets, Wiseman rodó apenas un esbozo: las cartas que la mujer de León Tolstói enviaba al escritor -y alguna de él hacia ella- declamados primero ante una playa rocosa y, más tarde, en la floresta, por una actriz, Nathalie Boutefeu, que mira a cámara y nos suelta el cansino rollo epistolar. Eso ni es Wiseman ni es nada. Asistimos al acto con sentido de la obligación y salimos como con el aire de haber participado en un funeral.

Abel Ferrara

Fuera de concurso y también más allá del bien y del mal, pasó por la Mostra Abel Ferrara. Realmente, mi impresión es que este veterano gladiador del cine de la crueldad y el desamparo ya filma con el único fin de hacer turismo por lugares como Venecia. De hecho, salir de cualquier pase y encontrarte a la familia Ferrara pasa a ser ya algo trivial.

El autor de cine indeleble como el de The Funeral o Teniente Corrupto presentó algo llamado Padre Pío. Está ambientada en la Italia del final de la Primera Guerra Mundial. Y en el ascenso del fascismo. Por en medio oficia de algo de la curia Shia LaBeouf, sin saberse muy bien por qué.

Ah, los actores que hacen de campesinos -contadini- o de partisanos italianos son actores de esta nacionalidad. Pero hablan todos en un inglés muy raro. Con acento del Friuli o por ahí. Que no le vengan con minucias a estas alturas a este Ferrara que vivió tanto tiempo en el lado oscuro -coincidente con su esplendor creativo- que ahora solo está para sentirse un ser de luz y tomarse con su joven hija un helado tutti-fruti.