Hizo un cameo en la película alemana «¡Tan lejos, tan cerca!», del director Wim Wenders
03 sep 2022 . Actualizado a las 10:02 h.Era 1993, habían pasado menos de dos años desde la caída de la Unión Soviética. El país seguía siendo un tumulto de inestabilidad política, golpes de mano y fronteras que se desmigajaban. El artífice de la transición rusa hacia la economía de mercado, Mijaíl Gorbachov, ya no ocupaba ningún puesto institucional.
El exmandatario comunista, que en la década de 1990 fue transitando paulatinamente hacia posturas nítidamente socialdemócratas, empezaba a convertirse en una figura de culto. Se contaban por legiones sus detractores y sus defensores. Pocas figuras de la historia reciente han causado una división de opiniones más profunda. Es ampliamente conocido por su extensa peripecia política y diplomática. Pero pocos recuerdan que, por un día, Mijaíl fue estrella de cine.
Los ochenta coronaron al director alemán Wim Wenders como uno de los nombres imprescindibles del nuevo cine europeo. Paris, Texas (1984) sigue siendo uno de los títulos de cabecera de buena parte de la cinefilia mundial. El cielo sobre Berlín (1987) fue su otro gran éxito ochentero. Una película sobre ángeles que vestían gabardina y bufanda.
En 1993 llegó la secuela, ¡Tan lejos, tan cerca! Repetía parte del reparto, como Bruno Ganz, Otto Sander o Peter Falk. Pero se sumaron otros para engrosar el lustre del cartel. Dos de ellos, famosísimas personalidades que se interpretaban a sí mismas. Una era Lou Reed. La otra, Mijaíl Gorbachov.
Al parecer, a Wim Wenders le fue bastante difícil convencerlo. No consiguió una audiencia en persona con él, así que tuvo que hacerle la oferta a través de una carta. El ruso, que tenía agendado un breve viaje a Berlín por esas fechas, aceptó. Pero solo le concedió al cineasta dos horas para rodar la escena.
Es, cuanto menos, un curioso documento gráfico. Gorbachov aparece sentado frente a unos papeles, imprimiendo su mejor pose de solemnidad. Con cara de estadista y palabras de poeta, declama en off una fina reflexión sobre la paz mundial y la naturaleza humana. Por detrás, uno de esos ángeles con gabardina y bufanda de Wenders (concretamente Otto Sander) le rodea los hombros con el brazo, como acompañándolo en sus pensamientos. Una estampa insólita, de cuando el hombre que cambió el mundo fue actor por un día.