Aurora Luque: «Si me quito la poesía, me quito a mí misma»

redacción REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

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Gana el Premio Nacional con un poemario que apenas tuvo reseñas

23 sep 2022 . Actualizado a las 08:21 h.

Su poemario, Un número finito de veranos, pasó prácticamente inadvertido. Publicado por una pequeña editorial, Milenio, apenas tuvo un puñado de reseñas de la crítica. Pero su eco llegó al jurado del Premio Nacional de Poesía, que reconoce en la obra de Aurora Luque (Almería, 1962) un «alto calado lírico, emocionante, exigente, transparente, que sitúa su voz inconfundible como una de las grandes poetas de nuestro tiempo». Más que suficiente como para ser reconocida con el galardón, dotado con 20.000 euros, y para que el propio ministro de Cultura, Miguel Iceta, la llamara para comunicarle el fallo.

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Apenas daba crédito. «Ha sido una sorpresa enorme, porque el libro no había tenido muchas reseñas y no sabía que el premio se fallaba hoy —por ayer—, ha habido libros míos más sonados, así que ha sido una sorpresa», confiesa en una entrevista a Efe, en la que también deja claras sus prioridades: «No entiendo mi vida sin la poesía. Si me quito la poesía, me quito a mí misma».

El mismo espíritu inquebrantable demuestra en su defensa de las Humanidades, que, a su juicio, están «brutalmente maltratadas, ninguneadas, aniquiladas». Reconocida por ser una amante de Grecia y del mundo clásico, explica que «a veces el enemigo no es la ley, sino los propios centros, el propio profesorado pone trabas». «No hay que echar todas las culpas a las leyes, que están muy mal diseñadas, sino a las propias gestiones, a veces el enemigo de las Humanidades está dentro de los centros de enseñanza», reconoce a Europa Press.

«En el futuro —sentencia— no va a haber una Irene Vallejo, porque no van a estudiar Griego y Latín».

Pero esta rotundidad en sus críticas palabras se transforma en gozo en su poesía. Algo que también ha reconocido el jurado. Y ella misma lo admite: «la celebración es un santo y seña de mi obra». Pero también el compromiso. «Me gusta —apunta— la poesía que no se rinde, que no se deja abandonar, que sabe que hay herida, muerte, oscuridad y violencia, pero siempre he buscado y querido creer en la utopía y en la resistencia. El lenguaje puede servir para protegerte e indagar y buscar belleza que acompañe y que dé sentido a la vida».

Aurora Luque plasmó en su obra la fijación recurrente por el estío, «entendido como contrapunto del existir». «El libro habla del deseo del deseo, de la luminosidad y del disfrute, pero también de la finitud que emerge por la conciencia de lo finito de los veranos que nos quedan por vivir. Es una sensación agridulce», explica la poeta. Para el jurado, el libro de versos «es un canto al Mediterráneo y al amor por la tradición griega, que mira el universo desde el pasado para comprender el presente». Luque, doctora en Filología Clásica por la Universidad de Granada, trabajó en Málaga como profesora de griego, articulista, editora y gestora cultural.

Ha escrito libros como Hiperiónida, Problemas de doblaje, Carpe noctem o Camaradas de Ícaro. Luque participa, además, en algunas antologías y ha traducido a Meleagro, Safo, Catulo, Lainá, Vivien o Labé. En el prólogo de esta obra, el poeta Jaime Siles define a Luque como «la más griega de todas nuestras escritoras modernas».

El mercado de la poesía

Sobre el número de seguidores que tiene la poesía, Luque ha apostado por «no valorar la cantidad de seguidores», ya que, en sus palabras, «cuando ha habido una gran cantidad de lectores es porque la poesía ha bajado de calidad, con editoriales muy grandes y poderosas».

Así, ha explicado que, como la poesía «no entra en el mercado no sigue el juego del mercado», por lo que «no cuenta» el factor cantidad, sino que cuenta «el factor pasión, asombro».