Álvaro Morte, actor: «Yo no he tenido ningún padrino y he pasado momentos muy malos»

CULTURA

Tras su éxito internacional como el Profesor de «La casa de papel», el intérprete está dispuesto a conquistar la gran pantalla con la segunda película de su carrera, «Objetos». «Intento hacer un esfuerzo por mantener mi vida como era antes», dice

23 sep 2022 . Actualizado a las 12:38 h.

Entrevistar a Álvaro Morte (Algeciras, 1975) ahora y hacerlo cuando La casa de papel aún se emitía en abierto es darse cuenta de que se ha convertido en una estrella que ahora estrena su primera película protagonista (el próximo 30 de septiembre, Objetos llega a los cines) y que tiene el gran lujo de poder elegir proyecto. A pesar de eso, no se olvida de cuando no le alcanzaba el dinero para comprarse una bombona de butano que encendiese su estufa catílica, ni de esos momentos en la vida en que sintió el rechazo y la indiferencia de los demás. Nadie sospechaba entonces que aquella serie que le dio la fama internacional se convertiría en uno de los mayores éxitos de la ficción española, ni que el Profesor sería idolatrado mundialmente. Mucho menos él.

—Fíjate que cuando estábamos haciendo La casa de papel habíamos hecho un primer capítulo con una audiencia brutal en televisión, y nos alegramos mucho. Pero la siguiente semana bajó, y la siguiente volvió a bajar. Así hasta que nos estabilizamos en una audiencia que no estaba mal, pero que tampoco era una cosa... A todos nos dio mucha pena, porque decíamos: 'Hostia, si nosotros pensamos que esto sí que está bien, que es un producto que podía haber llegado un poquito más allá'. Y luego, fíjate... Madre mía, la que hemos liado.

—Y ahora estrenas en cines. ¿Es tu tercera película?

—Es la primera como protagonista. También hice Durante la tormenta, en la que tenía un personaje secundario, y luego rodé hace años una que, básicamente, no se llegó ni a estrenar. Esta podría decirse que es la segunda que hago así con envergadura.

—En «Objetos» interpretas a un héroe anónimo, algo atormentado. A priori recuerda un poco al Profesor, pero te alejas de él.

—Ese héroe anónimo un poco outsider puede tener cierta semejanza con el Profesor en según qué aspectos, y fíjate, fue una cosa que yo percibí a la hora de analizar el guion y precisamente por eso quise alejarlo, para hacer algo distinto. El personaje de Mario hay ciertas decisiones que toma y con las que yo no estoy de acuerdo, que me parecen malas o torpes, por muy buena intención que tenga. Y eso es la vida real, hay veces que te equivocas. Partiendo de ahí, pensé: 'A lo mejor lo que tengo que hacer es un tío torpe'. Y eso favorece que la construcción del personaje fuera también más hacia dentro, pero desde otro sitio. Hay, como dices, un tormento consigo mismo y con su pasado que le ha hecho apartarse de la sociedad y tener mejor relación con los objetos que con las personas. Y se enfrenta a este mundo que trata a las personas como objetos, que es el entramado sobre el que se sostiene la película.

—En el fondo, lo de tratar a las personas como objetos se hace en muchas esferas. Tú sabes que en un cásting se tienen en cuenta factores muy contables para valorar a las personas, como por ejemplo el número de seguidores.

—A mí me gustaría pensar que nuestra sociedad, las nuevas generaciones que estamos educando, van a ir más en otra dirección. Pero ya has visto la historia de Izan, el chico al que han hecho bullying, que es absolutamente terrible [se refiere al vídeo que se hizo viral, en el que el niño es insultado por sus compañeros de campamento]. Al fin y al cabo, eso no deja de ser tratar a una persona como a un objeto. Un objeto con una forma distinta que, precisamente por ser distinta, debería ser valorable y, sin embargo, si no entra en los cánones que cierta gente dice que tienen que ser los correctos, directamente objetivizamos a esa persona e intentamos machacarla. Es absolutamente terrible y triste. Pero sí que es verdad que hay un proceso de deshumanización terrible que estamos viviendo. Y ojalá, porque para nosotros creo que ya es un poco tarde, que para esas nuevas generaciones esa visión del mundo y de la vida pueda cambiar un poco.

—¿En algún momento de tu vida te has sentido como un objeto?

—Claro que sí, de distintas maneras, pero sí que en distintas situaciones en mi vida he podido sufrir cierto bullying, a lo mejor en mi caso afortunadamente no demasiado, pero sí que lo he sufrido. O cierto rechazo, cierta indiferencia por parte del prójimo... Yo creo que es algo que, el que más y el que menos, ha tenido algún contacto con eso en su vida, con el hecho de sentir que no eres una persona que pueda aportar algo, sino alguien a utilizar. Yo creo que nos pasa a todos.

—Hoy tu fama es mundial, ¿qué pequeñas cosas te ponen en tu sitio?

—Intento hacer un esfuerzo por seguir manteniendo mi vida como era antes. Afortunadamente, estoy rodeado de gente que me sigue tratando igual y que no ha cambiado ni un ápice. Y luego hay una cosa, que es no olvidar de dónde vienes, que yo no he tenido nunca ninguna ayuda de nada, ni ningún padrino, y he pasado momentos muy malos, como casi todos los actores de este país cuando no tienen trabajo, cuando no saben cómo pagar el alquiler el mes siguiente y no tener dinero para pagar una bombona de butano para la estufa catalítica, que era la que había en mi casa cuando no tenía ni calefacción. Es un poco la manera de mantenerte centrado. Y luego, ser consciente de que ahora a mí me toca estar arriba, pero es que chico, igual en dos horas me toca volver abajo, y no pasa nada. Yo creo que la profesión de actor, más allá del éxito, es el camino en sí. Para mí el éxito es poder dedicarme a esto y ganarme la vida en lugar de estar haciendo otras cosas como muchos otros compañeros.

—¿Qué pensaste cuando te viste por primera vez en todo el aparataje de la industria? La alfombra roja, los posados, las promociones...

—Al principio es un medio un tanto raro, porque a ti en la escuela te enseñan a estar encima de un escenario, no encima de una alfombra roja. Y también hay que aprender a estar en la alfombra roja, a relacionarse con los medios y saber que también estáis trabajando y necesitáis vuestro tiempo... Es tomarte las cosas con cierta naturalidad y entender que está dentro del juego.

—No se sabe mucho sobre lo que haces fuera de escena.

—Me gusta cocinar, y la música, muchísimo. Ahora he descubierto el golf en los últimos meses, que lo que más me gusta es el componente de mindfulness que tiene, de que para dar un golpe tienes que estar absolutamente concentrado y no puedes pensar en nada más. La mano para allá, las piernas para acá, la cadera en este sitio... En ese momento hay tantas cositas en qué pensar, que no puedes pensar en nada. Eso consigue relajarme mucho de un trabajo tan perturbador intelectualmente hablando como es tener que interpretar a un personaje. Es necesario el poder tener algo que te haga desconectar de verdad de todo.

—Tienes 47 años, caminas hacia el 5. ¿Cómo definirías este momento de tu vida?

—Me gustaría pensar que estoy arrancando. Sí que es verdad que la vida me ha dado muchos regalos, y estoy muy satisfecho de lo que ha sido hasta ahora, de las decisiones que he tomado, de cómo me he comportado con la gente que está a mi alrededor, y de haberla enfrentado de una forma honesta, tanto con los demás como para conmigo mismo. De momento no tuve crisis de los 40, y todo apunta a que creo, ojalá, que no tendré crisis de los 50, pero nunca se sabe, ja, ja.

—Ante un diagnóstico difícil como el tuyo [tuvo un cáncer con treinta y pocos años] siempre pensamos en la importancia de disfrutar de las pequeñas cosas. ¿Eso lo mantienes?

—Es responsabilidad de cada uno no olvidar lo aprendido, porque si olvidas lo que has aprendido, ganas en necedad. Yo creo que las cosas que se aprenden, de cualquier índole, en la vida, lo ideal es mantenerlas.

—¿Próximo éxito?

—Me queda por estrenar algún trabajo, y también tengo sobre la mesa varias opciones, todavía no he dicho que sí a nada y no sé si diré que sí a algo. Quiero tomarme tiempo, llevo mucho trabajando casi sin parar. Es verdad que este verano me lo he tomado de descanso, pero quiero pararme a pensar en lo siguiente que hago.

—¿Ese es tu gran lujo?

—Si trabajar como actor en este país es ya un regalo, llegar a final de mes es algo titánico. El hecho de que yo me encuentre en esta situación ahora, en este instante, con la enorme suerte de poder elegir, es un rotundo lujo que creo que hay que aprovechar mientras se tenga, porque no sé yo si esto durará mucho. Ojalá sea para siempre, pero...

—No te fías...

—No es eso, es que es lo que decía antes. Si no aprendes de la vida, estás perdido. Y yo he visto a compañeros que han estado muy alto y luego muy bajo, y al contrario. Esto funciona así.