El terror del mal rollo alcanza su cima en «Speak No Evil»

José Luis Losa
josé luis losa SITGES / E. LA VOZ

CULTURA

Imagen del filme «Speak No Evil»
Imagen del filme «Speak No Evil»

El universo Mad Max de George Miller recibe su tributo en el documental «Beyond the Wasteland»

11 oct 2022 . Actualizado a las 09:28 h.

No debe de ser casual que en el año que hemos percibido como la peor temporada creativa cinematográfica en mucho tiempo, en el que de verdad se han hecho notar los daños del parón por el covid —con una Berlinale demediada, una Venecia mustia y el peor Cannes de este siglo— lo que percibimos cuando este 55.º Festival de Sitges pasa ya su ecuador es que la cosecha del fantastique y, sobre todo, del terror en estado puro goza de un vigor extraordinario.

Es más que posible que la montaña rusa de los cursos de pandemia y ahora de guerra y amenaza nuclear despierten en el espectador necesidad de sentirse en la ficción agitado, inseguro, en el dead-line emocional. Para que al salir descubra que todo este horror vacui poscovid y esta crisis de los misiles que se avizora en el horizonte no es nada comparado con lo que les sucede, por ejemplo, a los protagonistas del filme danés Speak No Evil y su indescriptible capacidad para activar tus temores más recónditos. Maneja su director, Christian Tafdrup, una medida capacidad para el crescendo de eso que comúnmente denominamos mal rollo.

Esa función perturbadora alcanza en Speak No Evil límites que veo lejano igualar. Salgo de la sala, en pase muy nocturno, con sensación de desasosiego inusitada. Supongo que todo fuera de esa pantalla me va a parecer —pasada la sacudida— más acogedor que esta inmersión en la pesadilla en la cual el danés Tafdrup es capaz de sumergirnos. Maneja la estructura de guion de su película unas claves tan dependientes del respeto a sus códigos de secreto que cualquier alusión a su argumento sería imperdonable. Pero es una muestra de que las más hondas raíces del miedo no hay que buscarlas en los excesos del gore, en los efectismos de la sangre fácil. Speak No Evil te sitúa en una desazón que va germinando sin necesidad de un solo plano de violencia. Sus corrientes que te van llevando a zonas de mareas cambiantes donde pescan depredadores son las del horror psicológico, las del placer de los extraños a los que conoces en un plácido viaje de verano a la Toscana.

Con otra perspectiva, porque su territorio no es el del cine de terror, sino el de una tensión sostenida en las consecuencias del destino de dos hermanos marcados por el sino de la tragedia, el filme francés Nos Cérémonies alimenta también una fuerza innata para dilatar el continuo estado de alerta. Es sorprendente que esta sea la ópera prima de su director, Simon Rieth, por su sabiduría para calibrar con tanta fiereza sutil este lazo fraternal abocado al vacío y a la muerte. Y abruma esta joya del cine nihilista y sus dos protagonistas, los hermanos en la vida real Raymond y Simon Baur, actores amateurs que sostienen ese pulso fanático con toda su complejidad de una relación fatídica de amor-odio.

Tras el homenaje a la carrera del gran Dario Argento, rendía este festival tributo a George Miller, con un documental, Beyond the Wasteland, que se plantea como la gran revisión del universo Mad Max, que Miller hizo percutir hace 43 años. Y es un placer recorrer, como en road-movie, ese periplo de cuatro películas que han delimitado un territorio, una idea del apocalipsis o del cyber punk que George Miller ha sabido ir actualizando, cuando ya ruge la posproducción de su quinto jinete.