Trapiello regresa al atentado que se volvió contra el PCE y afianzó a Franco

CULTURA

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En «Madrid 1945» aporta nuevos datos sobre «la noche de Cuatro Caminos»

13 oct 2022 . Actualizado a las 09:58 h.

25 de febrero de 1945. Un comando de cinco guerrilleros comunistas asalta la subdelegación de Falange de Cuatro Caminos en Madrid. El subdelegado y un conserje son asesinados a sangre fría. En 1999, Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953), en un reportaje periodístico, rescató del olvido este atentado del que no se hablaba en ningún libro. En el 2001 publicó La noche de los Cuatro Caminos. Ahora, más de 20 años después, completa el trabajo, con el acceso a más archivos, sumarios judiciales, expedientes, fichas y los llamados «informes de camaradas» elaborados por los comunistas, y ofrece un apasionante relato de aquellos hechos que en un inicio pusieron en jaque al régimen franquista, pero se volvieron contra el PCE como un bumerán.

Madrid 1945 (Destino) es una crónica exhaustiva de aquel atentado, de sus precedentes y consecuencias, que refleja el ambiente de la época, profundiza en los perfiles de los protagonistas, analiza el contexto internacional y revela el papel de los servicios secretos estadounidenses. Escrita con el pulso literario característico del autor, enriquecida con un abundante material fotográfico, Trapiello recuperó esta historia gracias a un documento, Delitos contra la seguridad del Estado. Actividades comunistas en Madrid, elaborado por la policía tras el asalto. Las peripecias del informe dan por sí solas para una novela. El escritor lo halló en 1993 por casualidad, en medio de un revoltijo de papeles viejos, en una librería de la Cuesta de Moyano que frecuenta desde muy joven, y lo muestra a La Voz en su casa antes de donarlo al archivo de la Comunidad de Madrid.

«Es un asunto en el que no es posible solo el blanco o solo el negro. ¿Los que atentaron son héroes, luchadores por la libertad y la democracia, como sostiene la reciente Ley de Memoria Democrática, o unos asesinos?», se pregunta el autor. «Sabemos que los asesinados son víctimas y los cinco que participaron en el asalto también, pero estos a la vez son victimarios», añade.

Los comunistas de la guerrilla que aparecen en el libro eran, en su mayoría, gente humilde y valiente que actuaba movida por sus ideales, pero «guiados por las ideas de rebelión e insumisión al franquismo cometieron en algunas ocasiones crímenes atroces». Seguían órdenes de «dirigentes que los embarcaron en una guerra en la que llevaban todas las de perder, mal pertrechados y peor armados, sin infraestructuras, sin nada, de una manera criminal e irresponsable».

Tras unos momentos de zozobra por el impacto del atentado, la dictadura supo aprovechar en su favor la crueldad de los asesinatos con un tiro en la nuca de dos personas indefensas, sin relevancia política, movilizando a las masas. Tal es así que Madrid vivió la mayor manifestación política de su historia hasta entonces, con 300.000 personas en las calles, de una ciudad de un millón de habitantes, que mostraron su repudio al crimen y su apoyo a Franco. La reacción popular alentada por el régimen fue tan enorme que el PCE en el Mundo Obrero de marzo intentó silenciarlo y le dedicó solo cinco líneas.

La detención de los integrantes del comando y el desmantelamiento de las imprentas clandestinas se produjo por casualidad, por una conversación telefónica de una chica que oyó alguien que avisó a la policía. La detienen, canta, apresan a otros, que cantan a su vez, tras ser sometidos a torturas salvajes. Y se produce una caída en cadena del aparato de propaganda y, como consecuencia, del guerrillero.

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«Hasta ese momento muy raramente salían noticias sobre atentados de la guerrilla, pero estamos al final de la Segunda Guerra Mundial, con Hitler derrotado, y Franco ve cómo los aliados han desembarcado en Grecia, Sicilia y Normandía y muchos se preguntan si lo harán en España». El franquismo comenzaba a alejarse de los nazis y acercarse a los aliados, jugando la carta de que aún estaba librando una guerra contra el comunismo.

La noche de Cuatro Caminos tuvo una gran importancia: «Marca el principio del fin de la guerrilla, de las expectativas de derribar al régimen por las armas, obliga al PCE a cambiar de estrategia y consolida al franquismo como contrapeso de la URSS en la nueva guerra fría».

Un teniente coronel, un agente de EE.UU. y un guardia

En Madrid 1945 destacan tres personajes, aunque solo uno participó directamente en el atentado. Por un lado, José Vitini, que había alcanzado el grado de teniente coronel luchando en la resistencia gala contra los nazis. Viene a Madrid con la orden del PCE de organizar la guerrilla y «repetir lo que ha hecho en Francia; allí lo habían condecorado, aquí va a ser fusilado». Trapiello precisa que «en Francia fue una guerra de liberación y aquí una guerra civil». Porque tanto el PCE como Franco consideraban que no había acabado. «Franco no la da por terminada hasta 1948 cuando el PCE admite por fin que ha sido derrotado en 1947», relata.

Otro es José Manzanares. Trapiello cuenta que era uno de los cuatro personajes sobre los que, en su anterior libro, no había podido profundizar, y de ellos sin duda el más importante. «Creía que eran policías infiltrados, confidentes o soplones, pero al reabrir la investigación descubrí que sí eran comunistas sinceros y que trabajaban, a espaldas del partido, con el apoyo de los servicios secretos estadounidenses». Su historia «es increíble, era el responsable de propaganda de la delegación del PCE en España y montó la primera imprenta clandestina importante en Madrid». Fue detenido ocho meses después del atentado. Lo torturan de forma salvaje para que delate a sus camaradas. Sorprendentemente, pese a que el fiscal iba a pedir pena de muerte, lo liberaron por un «error». Así logró huir de España con la ayuda de los servicios secretos americanos.

El tercer personaje es Juan Casín, un guardia municipal de 48 años, casado, con cuatro hijos, que montó en su casa una Minerva y fue ejecutado «por propalar noticias falsas y tendenciosas con el fin de causar trastornos de orden público y de conspirar con el mismo fin».