Seminci: El director coreano Park Chan-wook da otra lección de «thriller» en «Decision to Leave»
CULTURA
El polaco Jerzy Skolimowsky dirige a un burro en «Eo»
23 oct 2022 . Actualizado a las 19:34 h.Pinta muy bien la Oficial de este año con 18 filmes a concurso y tres más fuera de competición. Este domingo fue el turno del surcoreano Park Chan-wook, el de la ya mítica Oldboy (2003), que con Decision to Leave confirma mantenerse en su singular estilo, capaz de sorprender en un género tan amenazado de inanición intelectual como es el thriller, con la colaboración de su guionista habitual, su paisana Seo-kyeong Jeong. Un detective colgado de su principal sospechosa no es tema nuevo, pero en manos de Chan-wook pasa a ser un filme relevante, con reminiscencias hitchcockianas de Vértigo (1958), y una reflexión sobre la obsesión y las relaciones de poder, que sumado a una elegante factura formal, cubre casi dos horas y media electrizantes a lo que no son ajenos sus protagonistas, dos referencias en el cine oriental, la china Tang Wei y el surcoreano Go Kyung-Pyo.
Un burro ante la cámara
Al maestro polaco Jerzy Skolimowsky, artista polifacético, que no hacía un largo desde el 2015, se le puede imaginar comentando su deseo de rodar una película con un cuadrúpedo mamífero, comúnmente burro, que en su periplo de libertad recorre una serie de lugares para atestiguar lo mal que lo hace ese otro mamífero, aunque bípedo, conocido en los ambientes como ser humano. Encontró producción en Italia y en su país para Eo —en absoluto trasunto del cándido Platero de Juan Ramón ni del sufrido Rucio de Sancho Panza...— que asoma a la Seminci después de obtener ex aequo el gran premio del Jurado en Cannes. Conste que no estamos ante un burro disneysiano que nos da la matraca con sus reflexiones, Dios nos libre, pero sí lo hace a través de sus ojos y, sobre todo de sus rebuznos.
Reconozcamos osadía a Slolimowsky al irrumpir con una propuesta no apta para paladares aletargados por el empacho audiovisual, pero reconozcamos la coherencia de su discurso animalista y su señalamiento al caos planetario, sin renunciar a la ironía. El propio autor confesó en Valladolid haber estado muy cómodo dirigiendo al obediente burro, que no da el coñazo como al dirigir actores, con sus preguntas, sus dudas y sus propuestas.