Baudelaire, la resistencia moderna en el mundo moderno

H. J. P. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Portada de la edición de Acantilado de «Escritos sobre arte, literatura y música». A la derecha, retrato de Baudelaire realizado por el fotógrafo Nadar en 1855.
Portada de la edición de Acantilado de «Escritos sobre arte, literatura y música». A la derecha, retrato de Baudelaire realizado por el fotógrafo Nadar en 1855.

Editan una amplia selección de los escritos críticos sobre arte, literatura y música del poeta francés

11 dic 2022 . Actualizado a las 10:06 h.

Dice el profesor Antoine Compagnon de Charles Baudelaire en su ensayo Baudelaire. L’irreductible (Acantilado, 2022) que, como inventor de la modernidad, este «se sintió atraído y rechazado por el mundo moderno, lo detestó y lo adoró [...] Nadie ilustraba mejor que él la resistencia moderna en el mundo moderno. La antimodernidad representaba, en efecto, a mis ojos la modernidad auténtica, la que resistía a la vida moderna, al mundo moderno, pese a estar irremisiblemente comprometida con él». Y prosigue Compagnon aludiendo a la famosa modernidad baudelairiana como esa actitud estética que «se define por su actitud recalcitrante incluso hacia el mundo moderno bajo la mayoría de sus formas: el materialismo burgués, el urbanismo haussmanniano, la fraternidad democrática, en una palabra, el progreso o, más exactamente, el dogma del progreso, la fe en el progreso, simbolizada por la prensa, la fotografía, la ciudad, y tantos otros aspectos de lo moderno a los que Baudelaire se resiste a la par que se deleita».

Es ese contradictorio y afilado Baudelaire el que el lector encontrará en las páginas de esta excelente selección —al cargo de José Ramón Monreal, responsable además de la traducción y las notas— de sus Escritos sobre arte, literatura y música 1845-1866 (Acantilado), en cuyo texto a modo de prólogo el crítico italiano Giovanni Macchia (1912-2001) se refiere con gran acierto a la recepción de su obra hoy: «Como en esos prodigios de óptica que engañan los sentidos, él se nos acerca a medida que el tiempo parece distanciarlo y su figura hacerse más evanescente». Y es que, agrega Giovanni Macchia, el mundo ha cambiado mucho desde los años de Baudelaire, pero «cada vez se asemeja más al mundo terrible y fascinante que el poeta amuebló, indagó, soñó, aceptó o rechazó». Pero no por ello ha de encasillársele entre los precursores y profetas, «personajes sin tiempo que vagan hablando en voz alta, con los ojos desencajados y, en la espera, felices. Despreció el aire solemne del vate con los cabellos al viento que promete desgracia y tempestad, palingenesia y revoluciones. Sus ojos eran límpidos y fríos. El bien de la humanidad no le atraía sino débilmente [...] El sol del porvenir no le calentaba. Todos los amaneceres eran para él, como para Rimbaud, navrantes [desconsoladores]».

En la arquitectura de la ciudad ideal baudelairiana

Se mira a Charles Baudelaire (París, 1821-1867) como poeta y a sus demás textos se les juzga como una producción curiosa, secundaria, y quizá esta compilación de José Ramón Monreal ayude a arrojar luz sobre el valioso lugar que les corresponde en el mapa creativo del autor francés. Lo expresa Giovanni Macchia con clarividencia: «Los escritos críticos, los proyectos de dramas y de novelas, las narraciones, las páginas dedicadas al opio y al hachís, muchas cartas, son en su conjunto, antes que desarrollos periféricos de su obra, o agregados o barriadas de una ciudad ideal cuyo centro sería Las flores del mal, partes vivas en la arquitectura de tal ciudad, donde todo tiene un significado, un intercambio, un flujo y una razón de ser. Algunas veces la lectura de una página crítica, de una carta, de una declaración extraída de Mi corazón al desnudo, provoca densos ecos que prolongan en resonancias el espacio ocupado por la poesía».

Si el contenido de este libro no fuese ya precioso en sí mismo, solo el breve ensayo de Macchia justificaría el esfuerzo de la edición.