«La columna», la pensadora Simone Weil brigadista en la Guerra Civil española
CULTURA
El escritor francés Adrien Bosc construye su relato sobre materiales extraídos de diversos documentos y fuentes bibliográficas, lo que hace que la narración cobre un carácter documental
09 ene 2023 . Actualizado a las 08:20 h.El escritor francés Adrien Bosc (Aviñón, 1986) ha publicado un relato sobre la peripecia de Simone Weil (París, Francia, 1909-Ashford, Inglaterra, 1943) en la Guerra Civil española. Aquella aventura, pese a su brevedad —no llegó a los dos meses—, tuvo un gran impacto en Ramón J. Sender, que quedó seducido por la pensadora de raíces judías, tanto que la menciona en sus libros Álbum de radiografías secretas, Crónica del alba y Ensayos sobre el infringimiento cristiano, además de dedicarle varios artículos. Aunque bien puede leerse como una novela, Bosc construye La columna (Tusquets, 2022) sobre materiales extraídos de diversos documentos y fuentes bibliográficas, lo que hace que la narración cobre un carácter documental. En la otra orilla de esta nouvelle está el escritor Georges Bernanos (París, 1888-Neuilly-sur-Seine, 1948), que —pese a apoyar bandos opuestos en un inicio de la contienda— terminan confesándose mutuamente su desengaño tras su paso por la violencia y el cainismo que reinaba en el campo de batalla. Weil apenas tiene 27 años cuando se enrola en el grupo de brigadistas internacionales de la Columna Durruti; Bernanos va camino de la cincuentena cuando el golpe de Estado lo pilla residiendo en Mallorca y, monárquico y católico, se permite ensalzar el alzamiento nacional y el espíritu de la Falange. La miopía y la falta de manejo de las armas de Weil la apartan de la acción militar en el frente aragonés y un accidente con aceite hirviendo en las tareas de cocina a las que fue asignada obliga a su evacuación. Su periplo fue corto pero suficiente para sufrir un bombardeo, participar en una acción de reconocimiento y padecer un ataque de las tropas fascistas. No precisó ver más para quedar hastiada y reconocerse moralmente cómplice de la sangre derramada de forma injusta e inhumana, en una barbarie extrema que comparó con las tropelías cometidas por el enemigo y declaró contraria al ideal libertario anarquista.