Marián Álvarez, actriz: «El año pasado me tocó rodar mientras mi hija estaba en la uci»

VIRGINIA MADRID

CULTURA

«La conciliación no existe, es 'apáñatelas como puedas'», expresa Marián, madre de dos hijos, que en «La Unidad Kabul» interpreta a Miriam, una policía de carácter. «No soy tan valiente como ella, improviso mucho, yo soy un desastre», se ríe

21 jun 2023 . Actualizado a las 18:22 h.

«Soy muy pasional, me gusta improvisar y sí también soy un poco desastre», confiesa con una gran sonrisa la actriz Marián Álvarez (Madrid, 1978), que acaba de estrenar la última entrega de la serie La Unidad Kabul: «Fue un rodaje intenso y apasionante, donde se escapaban las lágrimas y donde pasé miedo rodando algunas escenas de riesgo; en definitiva, un trabajo que me ha sacudido por dentro». Tras más de veinte años de carrera, la madrileña cuenta ya con un Goya y una Concha de Plata por la película La Herida.

 —Estrenas «La Unidad Kabul», basada en hechos reales. Cuenta los días previos a la entrada de los talibanes en Afganistán (agosto, 2021), momento en el que nuestro país comenzó la evacuación de civiles y colaboradores. ¿Cómo fue el rodaje?

—Impactante e impresionante. A todos nos ha dejado tocados. Desde el principio, todo el equipo tuvo claro que había que contar esta historia desde la verdad, con rigor y, sobre todo, respeto y responsabilidad por todas aquellas mujeres y niños, ancianos y hombres que quedaron en manos de los talibanes y sus vidas cambiaron de la noche a la mañana y Occidente, les dio la espalda. Fue un rodaje intenso, donde se escapaban las lágrimas, pero también apasionante. 

—Rodaste en Pakistán, ¿qué recuerdas de tu estancia allí?

—Fue un choque cultural brutal, pero muy interesante y enriquecedor. Recuerdo mucho tráfico, era una locura intentar cruzar las calles, mucha contaminación, color, color, y color, también olores intensos por las especias, porque venden comida en cualquier rincón o esquina. Eso sí, en ningún momento tuve sensación de peligro o de estar en una ciudad insegura. Me entusiasma viajar porque se te caen los prejuicios, te abre la mente, descubres tanto de los demás y de ti. Es una gozada recorrer el mundo.

 —¿Una imagen imborrable de tu estancia en Karachi?

—La primera que me viene a la mente es la de un señor mayor sin piernas, impulsándose con sus manos y el tronco, cruzando una calle abarrotada de tráfico. Estábamos rodando y todos nos quedamos paralizados, alucinados viendo aquella escena, porque era algo increíble. Nos impactó muchísimo.

— Una escena tremenda de Miriam, tu personaje, es cuando se pone el burka.

—¡Uf! Fue una escena muy dura, muy difícil. La actriz que me ayuda a ponerme el burka vivió también ese momento de dolor, y se echó a llorar, fue muy intenso para las dos y nos abrazamos. Ponerse un burka, dejar de ir a trabajar o a estudiar son experiencias que las mujeres y las niñas han tenido que cumplir para poder sobrevivir, ya no tienen derechos ni libertades. No pueden elegir, porque se juegan la vida. Y esto es lo más terrible y doloroso, la falta de derechos y de esperanza para el pueblo afgano. Este trabajo me ha sacudido por dentro.

 —Tu personaje es Miriam, un policía con carácter, que tira adelante con todo y bastante controladora. ¿Con qué te quedas de ella?

— Con su fortaleza, su valentía, su coraje. Esa lucha por sobrevivir que la empuja en su día a día. A través de ella, he descubierto que puedo hacer cosas que pensé que no podía, me ha llevado a situaciones complicadas y he podido gestionarlas sin romperme.

 —¿Se te ha contagiado algo de ella?

—¡Uy! qué va. Yo no soy tan valiente como ella. Es verdad que soy muy visceral y pasional como ella, pero yo improviso mucho, soy más desastre.

— En la serie también se destaca la relevancia y el protagonismo de las mujeres en puestos de poder y de gran responsabilidad dentro del ámbito de la policía, un mundo dominado por los hombres.

— Sí. Era algo necesario y sobre todo creo que el acierto del director (Dani de la Torre) es que se ha realizado desde la normalidad. Ya está bien de tantos clichés. Hay que crear referentes como el personaje de Carla, la superjefa encarnada por Nathalie Poza, que dirige un gran equipo y toma grandes decisiones sin que le tiemble el pulso, pero también está Miriam, mi personaje, o con Nawja encarnado por Fariba. Hay que mostrar otro tipo de conductas y de ejemplos a los espectadores que luchen contra los prejuicios. De hecho, nos han contado nuestros asesores en la policía, que a raíz de la serie han aumentado el número de chicas que quieren entrar en la policía y eso está genial.

 — Otra trama que aparece desde la primera temporada es el tema de la conciliación familiar.

—¡Claro! Porque, aunque su trabajo consiste en salvarnos la vida todos los días evitando atentados terroristas, cuando salen de la unidad, intentan llevar vidas cotidianas haciendo la compra, recogiendo al niño del colegio y preparando el desayuno. Eso sí, si les llaman porque hay una urgencia, dejan al niño, la mujer o la compra y salen corriendo. Viven por y para nosotros.

 —Tú eres mamá de dos niños de 4 y 7 años. ¿Qué tal se concilia lo de rodar con recoger a los niños del colegio y tenerles la merienda preparada?

— Fatal. Realmente, la conciliación no existe. Es ‘apáñatelas como puedas'. El año pasado me tocó rodar de noche mientras mi hija estaba ingresada en la uci y no se pudo cambiar de ninguna forma el planning de rodaje establecido. Sales adelante tirando de los abuelos y organizándote en casa con la pareja, como en la mayoría de las familias.

 —¿Desde el principio, tuviste claro que lo tuyo era la interpretación?

—¡Qué va! Como no tenía muy claro qué hacer y me pillaba cerca de casa, al final me decidí por estudiar Empresariales, carrera que nunca terminé. Recuerdo que con 18 años quería hacer tantas cosas. Y probaba de aquí y picaba de allí. Hasta que me apunté a un taller de interpretación y oye, me gustó, me lo pasaba bien. Y aquí sigo cada día con más ganas.

 — Llevas más de veinte años de oficio. ¿Qué cambias? ¿Con qué te quedas?

— Llevo veintitrés años exactamente y no cambiaría ni una coma, porque cada trabajo cuenta, con lo bueno y lo regular. Me siento muy orgullosa de que la actriz no se haya comido a los personajes. Ellos son los que interesan, no yo. Por supuesto, es una carrera en la que han sido muchos más los noes que los síes y siempre se te rompe algo por dentro. Y encima las mujeres nos vamos haciendo mayores y te van entrando menos papeles. Y esto es muy duro. No todo es brillar y posar en la alfombra de los Goya, esto es una carrera de fondo y a día de hoy me siento una privilegiada de poder vivir de mi oficio.

 — Precisamente, en el documental «19, solos frente a la verdad», que acabas de estrenar, tú junto con otros actores reflexionáis acerca de a qué se aferra el ser humano (haciendo referencia a la pandemia del covid en los momentos complicados).

— Pues a la gente a la que quieres, familia, amigos, los que están siempre a tu lado para escucharte y apoyarte cuando vienen mal dadas. Fíjate, este trabajo me dio mucho reparo hacerlo, porque no es un personaje al que le presto mi voz y mi cuerpo, sino que soy yo Marián y me dio mucho pudor verme en la gran pantalla.

 —¿Con qué cargas las pilas?

— Patinando con mi hija. Me flipa. También disfruto mucho leyendo cuentos a mis hijos, jugando con ellos. Y aunque no te lo creas, el hecho de poder hacer las cosas de casa sin mirar el reloj, también me resetea a tope [risas].