Alice Kellen: «¿Los hombres se enamoran? Sí, pues quizá algún día quieran leer sobre ello»
CULTURA
La autora dice que la novela romántica la defienden las personas lectoras
24 jun 2023 . Actualizado a las 10:10 h.Donde todo brilla (Planeta) es la última novela de la escritora Alice Kellen (Valencia, 1989), que cuenta por millones sus lectores y por horas las colas en sus firmas de ejemplares. Los protagonistas de este último libro son Nicki Aldrich y River Jackson, que nacieron únicamente con unos minutos de diferencia. En torno a ellos, la autora teje un relato que transcurre durante casi tres décadas.
—Decimosexta novela y colas de horas aguardando por su firma, ¿se imaginaba así hace una década cuando probó a publicar su primera novela en Amazon y bajo seudónimo por si no triunfaba?
—No, pero es que nunca te imaginas algo así. Tampoco tienes las expectativas tan altas o al menos yo no las tenía.
—Las primeras líneas que escribió de «Donde todo brilla» las borró. ¿Cuesta más escribir? ¿Nota la presión de ese éxito?
—Eso sí que lo noto. Cada proyecto quieres elegirlo muy bien, sabes que tienes que defenderlo más tiempo, no quieres decepcionar a las lectoras y es cierto que te lo piensas todo mucho más, y notas ahí un poco esa presión del folio en blanco y de querer hacerlo bien.
—Esta vez opta por mostrar una evolución. Desde ese nacimiento de los protagonistas hasta casi cumplir la treintena.
—Me interesaba hablar de crecer, de cómo pasamos de la infancia a la adolescencia y de la adolescencia a la edad adulta. Además, quería tratar cómo las relaciones, los vínculos que forjamos en la niñez o luego más adelante, no son inamovibles ni una línea recta. Vamos cambiando y la forma en la que nos relacionamos con las personas de nuestro entorno también cambia. En este caso, Nicki y River, que se conocen desde niños, vemos cómo el vínculo que tienen van cambiando. En este caso, Nicki y River, que se conocen desde niños, vemos cómo el vínculo que tienen van cambiando.
—Es una novela romántica, pero también aborda otros asuntos, como es el maltrato, las relaciones tóxicas, el acoso escolar... ¿Busca abrir también los ojos a alguien que lo esté leyendo y padezca esa situación?
—Siempre piensas que puede haber una persona que le puede llegar, que se pueda sentir identificada. A veces nos encontramos en la ficción. Es verdad que muchas veces no te das cuenta de cómo llegas a un punto; pero esto en general, ya no solo en el tema del maltrato, sino hay en ocasiones que piensas: «¿Cómo he llegado hasta aquí». No has sido consciente de las pequeñas cosas que te han conducido a estar en una situación que en un momento dado no te gusta. Hay veces que se ve más cuando lo observamos reflejado de una manera más clara y más concisa porque es una novela.
—También está el acoso escolar, con Nicki como la «rara» en la adolescencia. Introduce muchos otros temas más allá del amor.
—Yo me imagino mi vida en esos 30 años y pasas muchas etapas, muchos procesos, tienes que descubrir, tienes que tropezar, tienes que levantarte... En Nicki es un perfil que yo sí me veía reflejada en ella, ya que se siente muy cómoda en la infancia, en esa etapa de refugio con tu familia, donde vives muy en el mundo imaginado, en tus juegos y eres un poco como la reina de tu pequeño mundo...; y cuando llega el momento de la adolescencia, es como salir a un mundo hostil, es como la primera toma de contacto con ese mundo hostil. Ya no es solo tu familia, tu entorno, tu nido..., y digamos que ahí es como el primer choque un poco para ello.
—Una historia que cuentan los protagonistas, pero también sus familiares: la madre, la abuela...
—Quería que fuese una novela que tuviese un aire coral y familiar, que los familiares no fuesen meros secundarios. Obviamente, son secundarios, pero quería que tuviesen como su fondo, que fuesen como ese refugio al que siempre puedes volver. Y además yo tiendo a hacer mucho familias como muy desestructuradas —en la literatura se tiende mucho— y, por una vez, quería al contrario: familias que están ahí para cogerte y donde puedes ser tú mismo sin tener que llevar una máscara. Me gustó también cómo se veía también la historia de Nicki y River desde otros ojos.
—En las colas que aguardan por su firma, hay mucho público joven. ¿Demuestra eso que sí que leen?
—Los jóvenes leen mucho, pero lo que quieren leer. Creo que está genial que en el colegio tengan ciertas lecturas, pero es lícito que cuando tú llegas a tu casa y es tu tiempo libre, igual que te pones la serie de televisión que quieres o escuchas la música que te gusta, coges un libro que te apetezca leer.
—Después de tantos años haciéndolo, ¿Se cansa de defender la validez de la literatura romántica y su igualdad con otros géneros?
—(Ríe). Un poco. Al final la literatura romántica la defienden las personas que la leen. En las librerías hay todo tipo de libros y la gracia está en que haya variedad, en que los lectores y lectoras puedan escoger lo que más les apetezca en cada momento, porque no siempre te apetece lo mismo; somos personas con matices, a veces quieres ver una película de acción y otra romántica, y todo está bien. Me parece muy triste la persona que tiene tantos prejuicios o que se plantea tanto estas cuestiones, yo cuando escojo un libro no pienso todo.
—Sigue dedicando el libro a las lectoras. Son mayoría.
—Es que las lectoras son mayoría en todos los géneros. Leemos muchísimo más que los hombres, según los índices. Además en todos los géneros, incluso en novela negra, las mujeres vamos más a ferias, a firmas, a eventos...; nos interesa más conectar con los autores y autoras y todavía más en este género porque es una cuestión educativa. Hay gran parte del género masculino que directamente tampoco sabe lo que es una novela romántica, porque nunca se han animado a abrir la página y a empezar a leer una. Quizás algún día..., ¿los hombres se enamoran? Sí, pues algún día igual le apetece leer algo sobre el tema.
—Habla de una cuestión educativa, lleva una década escribiendo y ha variado mucho a nivel social la forma de afrontar cuestiones relacionadas con las mujeres. ¿Cambiaría la manera en que trata algunos asuntos en sus novelas?
—Sí, claro. Es normal y conforme tienen más antigüedad, notas más diferencias, porque tú has cambiado respecto al momento que escribiste esa novela, porque, al final, tú reflejas tu realidad social en los libros, en lo que escribes, en lo que piensas, en lo que dudas... Evidentemente, como hace diez años no era la misma, tiene que haber un cambio. A veces te da rabia porque alguien lee una novela tuya de hace diez años y piensa: «Pero esta chica». Pero, por otro lado, también es algo bueno, porque te da la esperanza de ver ese cambio; ya que es un objeto inmóvil que se queda como está, pero es positivo que se pueda percibir tan fácilmente como la mente se va amoldando y hay un cambio social que poco a poco te va calando sin que te des cuenta.
—¿Cambió la manera en la que se leen las novelas románticas?
—Hace bastantes años muchas veces las lectoras buscaban enamorarse del protagonista y creo que ahora la tendencia de las lectoras es que buscan sentirse identificadas con la protagonista, es decir, empatizar con ella y comprenderla. Ha sido un cambio muy brusco, en los últimos diez años.
—En el libro aparece también como pequeños retazos de un cuento..., ¿se anima a probar otro género?
—Me encantan los cuentos, lo que pasa es que tampoco paro. Me gustaría hacerlo bien y el problema es encontrar huecos entre lo que ya haces porque es como sumar algo más. Pero, como gustarme, me encantaría, sí, sí.
—Y ahora se arrepiente de no haber firmado aquella primera novela con seudónimo por el miedo a que no gustara o ya tiene asumido que es «Alice».
—Creo que ya lo tengo tan asumido... No sé si ahora volviese atrás o si alguna vez escribo otro género, a lo mejor lo hago con mi nombre para diferenciar. Lo tengo superasumido, me lo tomo como un nombre artístico y ya está.
—Entonces, se gira cuando la llaman Alice.
—Sí, totalmente, claro; es que son muchos años, a lo mejor son 11 o 12 años.
—En una de esas frases del cuento que va recogiendo el libro, escribe: «Creo que para ser felices no necesitamos conjuros, tan solo estar en paz. Parece fácil, pero es tan complicado que hay gente que no lo consigue ni en una vida entera». ¿Lo ha conseguido?
—(Ríe). Yo creo que nunca lo consigues de manera absoluta, es una lucha constante entre lo que te exige la vida y lo que quieres conseguir, entonces yo creo que buscas el equilibrio. Ya fuera broma, creo que es importante ser conscientes de las cosas porque si no eres consciente y te dejas llevar, llega un momento en el que a lo mejor dentro de 20-30 años te planteas: «¿Qué he hecho con esto?». Si eres consciente, al menos lo luchas un poco e intentas buscar como pequeños resquicios de brillo que a ti te hagan feliz, te hagan estar en paz, te aporten o te enriquezcan...; y para eso hay que tener al menos la intención.
—¿Trabaja ya en el próximo proyecto? ¿Se parecerá algo a este o siempre busca elementos nuevos, porque este podría también tener continuidad?
—Estoy en dos proyectos, porque no he decidido cual va a ser, pero uno se quedará en el cajón. Los dos son muy diferentes y no se parecen en nada a este, pero a ver cuál de los dos cuaja o surge... (ríe). No lo sé.
—¿Y qué tiene que tener un proyecto para que cuaje?
—Hasta que no termine el tema de la promoción de este y vuelva a mi casa, me siente, me meta bien en la historia y solo viva para ella, no lo decidiré. Al final, necesitas estar en el proceso creativo para meterte en la historia. A la hora de elegir, me parece muy importante el conflicto. Busco algo diferente, que sorprenda al lector.
—Esa sorpresa después de 16 novelas se va complicando.
—Claro, cada vez se complica, porque hay ya muchas cosas que están ya tachadas de la lista. Se complica el sorprender, porque cuando te leen ya van con unas expectativas mínimas, y esas hay que cumplirlas, pero luego te exigen más, porque quieren más.