«Cuerpos de luz», novela de Jennifer Down sobre la vulnerabilidad de la infancia

H. J. P. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

La autora australiana Jennifer Down (1990). A la derecha, portada de la edición española de «Cuerpos de luz» (Navona, 2022).
La autora australiana Jennifer Down (1990). A la derecha, portada de la edición española de «Cuerpos de luz» (Navona, 2022).

La narradora australiana relata, a través de «flashbacks», los sucesivos pasos de Maggie Sullivan, la niña protagonista, por residencias de menores, casas de acogida y familias adoptivas, y los déficits de las instituciones de protección, y su intento como adulta por dejar atrás los traumas del abandono, el miedo y los abusos sexuales

10 jul 2023 . Actualizado a las 08:29 h.

La narradora australiana Jennifer Down (1990) ganó el año pasado en su país el premio Miles Franklin por su segunda novela, Cuerpos de luz (2021), que llega al castellano en la traducción de Irene de la Torre. Una autora joven y desconocida, y, sin embargo, qué poderoso relato ha servido, de reminiscencias dickensianas si el lector se dejara llevar por los sucesivos pasos de Maggie Sullivan, la niña protagonista, por residencias de menores, casas de acogida y familias adoptivas. Salvo que la mirada de Down está teñida de inteligencia emocional e intimismo, a la vez que llena de franqueza y sutil distancia, lejos de aquel realismo victoriano. Tan triste periplo está contado a través de flashbacks, en un viaje hacia atrás desatado por un inesperado mensaje aparecido en el Facebook de Holly —nueva identidad para una nueva vida de Maggie, que la ayuda a olvidar en su huida hacia adelante— y venido desde las ominosas nieblas del pasado. Maggie aflora a un inaugural descubrimiento del mundo tras la muerte de la madre y con un padre sumido en las drogas. La intervención de los servicios sociales ponen en marcha una vida construida sobre el desamparo, el miedo, los abusos sexuales —cuidadores, policías— y las malas decisiones. Incluso en situaciones de máxima violencia, la autora se desempeña con una elíptica delicadeza y un lenguaje que conquistan al lector. Y, así, lo que podría aceptarse como una historia mil veces vista resulta que ofrece innumerables matices. El lector podría pensar, de tan natural que es la construcción, en la riqueza de sus detalles, en la credibilidad del personaje, en la corriente de simpatía que genera, que, si no media un conocimiento del alma humana descomunal, hay algo autobiográfico en este dramático caudal de memoria de ficción. Y lo cierto es que en esta superviviente tratando de vencer sus traumas late el bagaje de los desvelos y las charlas familiares, ya que ambos padres de Down trabajan con jóvenes vulnerables.