La nariz de Bradley Cooper recupera otras caracterizaciones extremas en el cine
22 ago 2023 . Actualizado a las 12:32 h.Ya sea por autoexigencia o porque así lo demandan guion o director, hay actores que han llevado su trabajo al extremo, especialmente los de método, sumergiéndose a tal profundidad en el personaje interpretado que, en ocasiones, incluso han llegado a poner sus cuerpos al límite. Otros se han sometido a diario durante meses a interminables sesiones de maquillaje y vestuario para abandonar el camerino con un aspecto radicalmente distinto, completamente irreconocibles. La polémica levantada alrededor de la prótesis nasal a la que ha recurrido Bradley Cooper para ponerse en la piel del compositor y director de orquesta Leonard Bernstein en la película Maestro, que se estrenará en el Festival de Venecia el próximo 2 de septiembre —el actor ha recibido acusaciones de alimentar los estereotipos sobre los judíos por utilizar una prominente nariz falsa—, ha traído a la conversación otras caracterizaciones extremas en el mundo del cine, de la facilidad de Christian Bale para subir y bajar kilos a la cantidad de gelatina que Ralph Fiennes tuvo que soportar en la cara para ser Lord Voldemort, ese-que-no-debe-ser-nombrado en Harry Potter.
Brendan Fraser
Un traje de 136 kilos. Para encarnar al protagonista de la última película de Darren Aronofsky —un hombre con obesidad mórbida que apenas puede moverse—, Brendan Fraser engordó de forma natural 30 kilos. Como no eran suficientes, cada una de las 45 jornadas de rodaje de La ballena se vio obligado a enfundarse un traje de 136 kilos lleno de judías secas y canicas; desprendía tanto calor que el actor tenía que pasar por un proceso de enfriamiento con bolsas de hielo, y eso que la prótesis contaba con tubos que permitían bombear agua fría a todo el cuerpo. Además de pasar seis horas al día en la silla de maquillaje, sufría vértigos al desprenderse de su cuerpo postizo debido al desbalance de peso.
Nicole Kidman
Una nariz que le valió un Óscar. Tanto revuelo causó en su día la prótesis de nariz con la que Nicole Kidman se mimetizó con la escritora Virginia Woolf en Las horas que la actriz llegó al último día de la promoción de la película hasta la mismísima de que solo le preguntasen por eso. No quedó ahí la cosa. El 23 de marzo del 2003, Denzel Washington se aúpo al escenario del teatro Kodak para entregar el Óscar a mejor actriz y, tras abrir el sobre, dijo: «Por una nariz». La alteración facial había sido además motivo de discusión entre los productores del filme, dos tiburones del Hollywood de entonces: Scott Rudin quería que Nicole Kidman llevara la nariz falsa y Harvey Weinstein no.
Christian Bale
El hombre acordeón. Siempre tuvo fama Christian Bale de llevar el Método —técnica interpretativa de inmersión profunda en el personaje, con implicación física y psicológica— demasiado lejos. No es el único: Tom Hanks casi no lo cuenta tras la infección de una herida por no querer asearse durante días para rodar Náufrago, Jeremy Strong desquició a sus compañeros de reparto al no permitirse abandonar al narcisista y maquiavélico Kendall Roy fuera de escena y Ashton Kutcher acabó dos veces en urgencias por adoptar los poco ortodoxos hábitos alimenticios de Steve Jobs mientras grababa su biopic.
Bale, por su parte, es experto en el peligroso arte de subir y bajar de peso: se mató en el gimnasio para ser Batman, se abandonó por completo para hacer de criminal de poca monta en La gran estafa americana, llegó hasta los 103 kilos cuando interpretó al vicepresidente de George W. Bush, Dick Cheney, en Vice y se tiró meses comiendo una manzana y una lata de atún diarias hasta conseguir la consumida apariencia del protagonista de El maquinista, un operario con insomnio y terribles alucinaciones. Al borde de la inanición, consumía además pastillas para deshidratarse y que se le marcasen todavía más los músculos. Se quedó en apenas 50 kilos.
Charlize Theron
La suerte de la fea. Pasa, lamentablemente, que las actrices guapas no suelen alcanzar reconocimiento hasta que cae en sus manos un papel en el que el físico deja de eclipsar todo lo demás. Para dar vida a la asesina en serie Aileen Wuornos, Charlize Theron se entregó a la comida basura, desayunando donuts, comiendo pizza con Cola-Cola, merendando McDonald’s y cenando pasta; cogió 15 kilos. Quería experimentar la sensación de «dejadez», así que además de comer mal se tiñó desastrosamente el pelo y lo descuidó. La prótesis dental, amarillenta e irregular, hizo el resto. Su papel en Monster le valió seis premios, entre ellos el Óscar.