Dover, la parroquia y la presión sobre las mujeres: así será el primer largometraje de Pedro Díaz

Tamara Montero
Tamara Montero SANTIAGO / LA VOZ

CULTURA

El director de cine Pedro Díaz, durante un rodaje en una imagen de archivo.
El director de cine Pedro Díaz, durante un rodaje en una imagen de archivo.

Con el título provisional de Serenade, el director de Ames, nominado al Goya por el corto La entrega, trabaja en su primera película larga: «Quiero explorar de dónde venimos y por qué somos como somos»

28 ago 2023 . Actualizado a las 08:57 h.

Hay algo de sinestésico (y generacional) en ver impreso sobre la pantalla Serenade, una palabra que tiene sonido. Suena a los acordes de canción guitarrera, pero también a crecer en la década de los 90. A navegar entre el mundo analógico de los mayores y la sociedad digital de los más jóvenes. A cultura millennial y ahora también a rural, al mandato que obliga a las mujeres. A preguntarse de dónde venimos y qué nos hace lo que somos, qué papel juega la religión en la identidad individual y colectiva. Cómo se tejen las redes interpersonales en una entidad tan característica como la parroquia.

De algún modo, Pedro Díaz hace honor al estribillo rasgado que dice algo así como que el trabajo me hará doler las manos porque no pienso esperar a que el destino venga a mí. El director de Ames, nominado al Goya por su corto La entrega está inmerso en la escritura de su primer largo, que lleva por título (provisional, eso sí) Serenade, como la canción que lanzó a Dover a finales de los 90. Un viaje exploratorio a la identidad colectiva e individual de una sociedad rural que, como los que crecían en aquellos años, comenzaba a navegar entre dos mundos.

Serenade es la historia de las mujeres, esa que queda oculta bajo la losa del anonimato que tan bien definió Virginia Woolf. Una abuela, una madre y una hija que, ante una muerte próxima y cercana, ven como se tambalea su sistema de creencias, los pilares de su existencia. Y comienzan a cuestionarse sus valores, un tejido tupido con hilos de religión y de parroquia. De género y expectativas sociales. De autoimposiciones y de tradición. 

Sobre el papel comienzan a esbozarse esas mujeres, «que a lo mejor se salían un poco de la norma y no eran del todo aceptadas en un entorno muy marcado» por el concepto de la parroquia. «Es algo que quiero explorar muy bien, qué significa parroquia, cómo nos condiciona a los que nacimos en el rural gallego», explica Díaz.

Si La entrega miraba hacia adentro, detrás de esas puertas cerradas en la casa y la mente de Armando, Serenade mira hacia afuera, hacia la red de relaciones entre vecinos, las expectativas, a veces asfixiantes, y como la moral y la religión moldean comunidades. Una persona mayor piensa en qué dirá el vecindario de su hija, madre soltera, qué dirá el cura sobre ciertos comportamientos de su familia. El peso de unos valores morales que imperaban en una España todavía reponiéndose de la llaga de la dictadura.  

La muerte sirve también para reflexionar sobre «como la religión nos condiciona en el día a día y qué significa la región en Galicia, que creo que es muy diferente al significado de otras regiones de España. Seguramente es más tradicionalista que ortodoxa». Ir a misa trasciende el ámbito de la creencia para convertirse en un ritual social, en algo que se hace por costumbre, «o ser de una determinada manera, que se hace por tradición más que que por convicción».

 Durante ocho años, Pedro Díaz ha estado buscando el hilo del que tirar para su primer largometraje, y ha venido de dentro. De sí mismo y de cómo se ha conformado su identidad. Si «un corto es un chispazo», quizá un largometraje sea un proceso parecido al de la búsqueda de uno mismo: un proceso intenso pero pausado, exponer poco a poco una veta. «Ahora estoy mucho más seguro sobre esto lo que quiero contar, lo que quiero analizar y sobre qué quiero hablar, pero es un camino larguísimo», reconoce el cineasta, que ya ha obtenido una ayuda de Agadic para este proyecto, que espera lanzar en un par de años. 

En un momento dado, Pedro Díaz dibuja con pocas palabras una escena capital en la que el rock anglófilo y desenfadado de Dover contrasta de pronto con la atmósfera rural y religiosa que se daba en el Val d'Amaía en los 90. Para un lugar así está escrita Serenade, para un territorio con una enorme dispersión geográfica en la que, sin embargo, nunca dejan de verse casas. 

«Esa conexión siempre con el vecino tiene que estar presente. No está escrita desde el aislamiento, por ejemplo, de un pueblo pequeño de cinco casas como  As bestas», explica el director, que deja en el aire la posibilidad de rodar en Ames, con una grandísima transformación en las últimas décadas que lo acerca más al ámbito periurbano que al rural.

«Tendremos que recrear mínimamente época, porque los 90 ya se pueden considerar época». Ya somos un poco mayores, bromea Pedro Díaz. De pronto, sobre la conversación sobrevuela Carla Simón y su exploración de la infancia y la juventud en una Cataluña rural en los 90. «Me confieso completamente admirador, pero no creo que yo fuese capaz de hacer lo que hace ella con los no actores. Disfruto muchísimo el trabajo con los actores profesionales, o emergentes, pero que ya tengan sus herramientas».