Diego Llorente, director de cine: «Cada selección en un festival supone una nueva alegría y estamos muy orgullosos»

Marcos Gutiérrez REDACCION

CULTURA

Diego Llorente durante un rodaje
Diego Llorente durante un rodaje

El cineasta sierense estrena «Notas sobre un verano», una película casi autofinanciada con Gijón y Cimavilla como escenarios, y que está obteniendo una gran acogida en festivales de cine independiente como los de Rotterdam, Mallorca, Múnich o Barcelona

08 sep 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

A base de tesón y esfuerzo Diego Llorente (Pola de Siero, 1984) ha sacado adelante la nada sencilla tarea de estrenar su película Notas sobre un verano, su debut en el largometraje, en el que Marta (la gijonesa Katia Borlado), una profesora universitaria que va a mudarse con su novio en Madrid, pero antes pasa unos días la casa de sus padres en Gijón, donde se reencuentra con un antiguo amor y comienza a replantearse su futuro y sus prioridades. Un proyecto prácticamente autofinanciado, cocido a fuego lento (la idea, no en vano, surgió hace unos diez años) y con el barrio de Cimavilla como un protagonista más de una cinta que navega temáticamente entre el amor, el deseo y una generación de jóvenes para la que escasean las oportunidades.

-¿Cómo surge la idea de la película?

-La semilla surge hace muchos años, 10 tranquilamente. Nunca viene solamente de una fuente, sino de la confluencia de diferentes ideas, imágenes y sonidos que se van juntando y te obligan a sacarlos.

-¿Cuánto tiempo pasó desde que tuvo la idea hasta que se empezó a rodar?¿Alteró mucho sus planes la pandemia?

-Bastante, la verdad. En torno a siete años, aproximadamente. El proyecto venía ya de lejos y no nos vimos interrumpidos por la Covid, más bien al contrario. Cuando ya empezamos a salir un poco se despertaron las ganas de volver a hacer cosas, incluída esta película.

-El éxodo laboral de los jóvenes asturianos está muy presente en la cinta y, sin embargo, es un tema que no se había tratado demasiado hasta ahora. ¿Por qué cree que se da esto?

-No lo sé. Supongo que los temas que están muy pegados a la realidad no suelen interesar mucho a los cineastas y a los que les interesan se fijan en otras cosas o, sobre todo, otros grupos de edad. Lo cierto es que a mí también me sorprende. Es un fenómeno que yo no he vivido en primera persona, pero lo he visto mucho a mi alrededor.

-¿Cómo logra una película autofinanciada al 100% en la práctica llegar a las salas y festivales como los de Rotterdam, Mallorca, Múnich o Barcelona?

-Supongo que en primer lugar haciendo una película interesante y luego, como con todo, a base de trabajo y suerte. Para caber en ciertos festivales hace falta fortuna. En este sentido estamos muy contentos. Cada selección en un festival supone una nueva alegría y estamos muy orgullosos de cada cosa que va consiguiendo la cinta.

-Gijón y Cimavilla son casi dos personajes más de la película ¿Cómo fue rodar aquí, especialmente en un momento como el verano de 2021, con la pandemia aún en su máximo apogeo?

-No fue muy difícil, a pesar de que había todavía muchas restricciones. No había conciertos, fiestas ni se podía juntar un número de más de cuatro personas. Las circunstancias no eran fáciles, a priori, pero luego al ponernos a rodar las condiciones fueron mucho más sencillas de lo que esperábamos. Éramos un equipo pequeño, que tampoco llamaba mucho la atención. En todo caso,si despertábamos algo era la simpatía de los vecinos.

-¿La idea siempre fue rodar en Gijón y Cimavilla o se planteó algún otro escenario alternativo?

-La verdad es que siempre tuve esa idea por razones biográficas y de la trama. Para mí era muy importante que la historia transcurriera donde lo hace.

-¿Qué proyectos de futuro tiene?

-Estoy investigando un poco una línea documental para ver si nace algo de ahí y, a la vez, estoy escribiendo también un nuevo proyecto de ficción que espero no tardar demasiado en rodar.