Michel Franco salva a Jessica Chastain de un océano de abusos en «Memory»
CULTURA
El director mexicano se suma a Garrone, Lanthimos y Agnieszka Holland en la posición de autores favoritos a hacerse con el León de Oro
09 sep 2023 . Actualizado a las 09:44 h.El mexicano Michel Franco, depredador de premios en festivales, entra a última hora en la lista de candidatos al palmarés de esta 80.ª Mostra con Memory. Cannes lo mimó siempre mucho y lo seleccionó con su ópera prima, Daniel & Ana, cuando aún no había cumplido los treinta años. Luego le premió su siguiente filme, Después de Lucía. Y en el 2015 le reconoció el guion de Chronic.
Aquí en Venecia se llevó en el agosto del cierre pandémico del 2020, en un Lido espectral y semivacío, el León de Plata con un filme, Nuevo Orden, que -con sentido de la oportunidad- resultaba preapocalíptico. Porque aquella película hablaba de un México donde se perpetraba un caótico golpe de Estado, tan confuso que no quedaba claro qué poderes lo acometían. Y en el fondo, de eso se trataba.
Que no es precisamente Franco un director de compromiso político, sino de chapotear en las aguas más turbias por ver qué pesca. Posee una predilección por las atmósferas de relaciones humanas enfermizas, una insania cuasi obsesiva. A veces le sale bien. El incesto entre dos hermanos de una familia oligárquica, forzado a punta de pistola por una banda de pinches secuestradores en su película de debut ya citada, Daniel & Ana, mostraba esa suya capacidad para perturbar.
En ese territorio se ha movido Franco hasta el presente. Nada nuevo bajo el sol en Memory. Aquí aparecen las vidas traumatizadas por tabúes mancillados, los hombres -en masculino- que se muestran derrotados, vaciados de alma. Y se exhiben desnudos como pinturas de Lucien Freud.
Es su segundo rodaje en los Estados Unidos y en él Jessica Chastain lleva sobre su espalda la mochila de un océano de abusos sexuales, del cual vemos solo la punta del iceberg. Y surgirá una eminente veterana actriz reverenciada por el Nuevo Hollywood de los 70, Jessica Harper -la deseada doncella de El fantasma del paraíso de Brian de Palma- para remitir a Chastain a un abismo que se esconde en el fondo del pozo de su infancia. Aquí el tipo devenido casi ecce homo no es el habitual del cine de Franco Tim Roth -quien se debe de haber cansado de poner rostro de doliente- sino Peter Sarsgaard, que no se libra de estriptis anticlimático sobre el suelo del cuarto de baño de su casa.
A mí todo me suena a muy manido lifting del estilo Franco. Pero, atención al truco: el director mexicano lo ha calculado todo en un ejercicio de artera prestidigitación: en Memory el tontiastuto relato de redención que trae esa demencia padecida por el personaje de Sarsgaard hace sus elementos más amables e infinitamente más digeribles que todo su cine anterior.
Lo libera de lo más irrespirable de sus cimas de crueldad. Se apunta a la redención por amor, aunque sea con un pie forzado que mete miedo. Y así se quiere ganar al personal y, con él a un jurado que en esta 80.ª edición no es tampoco fácil tarea de robaperas de festivales. Porque en él figuran nada menos que Damien Chazelle, Jane Campion, Mia Hansen-Love, Martin McDonagh o Santiago Mitre. A ver quién los engatusa.
Y por eso el mansplaining de Michel Franco va mucho más allá. Quiere también jugar con el tempo de su presencia en el Lido. Nada casual que llegue el último día de concurso, cuando toda la banda de la prensa norteamericana se ha marchado ya a Toronto, y a pocas horas del palmarés veneciano. Y el hecho nada trivial de que haya logrado traerse a Jessica Chastain, una de las dos únicas verdaderas estrellas de Hollywood -la otra es Adam Driver- que han acudido al Lido esquivando la huelga de la industria, es una evidente ventaja. Sobre estas bazas -mucho más que sobre los méritos reales de Memory- se afianza la creencia de que algo podría pescar Michel Franco este sábado. Tiene mucho peligro este hombre. Qué vamos a contarles si ya ganaba premios como golden boy antes de los 30 años en Cannes y ahora es todo un cuarentón resabiado.
Brizé y Szumowska
Franco y Chastain, de momento, lograron eclipsar por completo a la francesa Hors-saison, de Stéphane Brizé, y a la polaca Woman Of, de Malgorzata Szumowska, quienes ya pusieron bastante de parte para resultar por sí mismas olvidables. La cinta del otras veces correoso y hasta poseedor de estilo Brizé es una muy floja y estereotipada peliculita de amantes de antaño que se reencuentran veinte años después y rearman la nostalgia o la pasión solo para ahondar en lo que pesa el tiempo. Guillaume Canet y -sobre todo- la siempre fascinante y luminosa Alba Rohrwacher hacen lo imposible por salvar la función. Pero no les pidan milagros. Se alarga tanto su guion -apenas un esbozo- que hay que recontar el número de veces que Rohrwacher dice el adiós definitivo a su examante antes de darse definitivamente por vencida.
Así las cosas, Michel Franco y Jessica Chastain (será interesante su pulso de actrices con Emma Stone, la poderosísima protagonista de la liberación sexual victoriana que hace grande el Poor Thing de Lanthimos) ya le ponen puñeteros ojitos a unos leones para los cuales son también favoritos el italiano Matteo Garrone y la polaca Agnieszka Holland, a lomos de sus sufridos inmigrantes y refugiados. Deseo equivocarme y que el cine bravo de los Larraín, Lanthimos, Besson o Fincher visto aquí mande parar ante tanto oportunismo de cine trucho.