«El asesino ciego», novela de Margaret Atwood galardonada en el año 2000 con el Booker Prize
CULTURA
El sello Salamandra rescata la traducción que publicó en el 2001 Ediciones B
06 nov 2023 . Actualizado a las 08:45 h.Hace años que la calidad de la producción de la escritora canadiense Margaret Atwood (Ottawa, Ontario, 1939) raya a muy alto nivel. Es un caso parecido al de otra octogenaria y eterna candidata al Nobel, la estadounidense Joyce Carol Oates. Una muestra de la ambición literaria sostenida de Atwood es El asesino ciego (2000), novela avalada por el prestigioso Booker Prize y publicada en castellano un año después por Ediciones B en la traducción de Dolors Udina que ahora rescata Salamandra, un sello que en los últimos tiempos ha mimado a Atwood. No es que la aparición del texto resultase una sorpresa para el lector avisado, porque para entonces ya había llevado a las librerías títulos como El cuento de la criada (1985), Ojo de gato (1988) y Alias Grace (1996), tres obras cimeras, por cierto, igualmente acogidas en el catálogo de Salamandra. El origen de El asesino ciego además tiene conexión española: la autora escribió parte de la novela durante unos meses que pasó en 1999 en Madrid, donde vio una exposición de fotografías de Robert Capa sobre la Guerra Civil; y esa visita la inspiró para construir un libro que combina la distopía con una saga familiar que viaja en la memoria de la narradora Iris Chase hacia el pasado (en particular, el segundo cuarto del siglo XX), dando paso a diversos registros como el suspense gótico, la ciencia ficción, el realismo histórico y el romance. Lo que hace tan especial el relato son sus distintos niveles, que conforman una compleja arquitectura narrativa y en los que sobresale el cuidado del lenguaje, trabajado específicamente según el espacio que crea y ocupa. Las historias se ordenan en una estructura circular que mantiene el misterio hasta que el final hace encajar todas las piezas inteligentemente dispuestas. Hay quien reprocha a Margaret Atwood un cierto efectismo en la urdimbre de El asesino ciego, pero que le quiten al lector lo gozosamente bailao.