El autor rebaja el tono, pero llega más lejos para denunciar el crecimiento de la discriminación
21 nov 2023 . Actualizado a las 08:05 h.Al maestro Ken Loach ya lo habían jubilado en el año 2019 con aquel intenso drama Sorry, We Missed You, en el que recurría a eso —tan útil como algo en desuso— de la familia unida, ante la adversidad, sale más fuerte y más decidida a encararla. Y ahora regresa con El viejo roble, una película rodada otra vez sobre guion de Paul Laverty (dieciséis colaboraciones en casi tres decenios) y con la obligada música de George Fenton (le ha servido dieciocho bandas sonoras desde Ladybird, Ladybird, 1994), junto a otros fieles colaboradores que lo acompañan en su empeño por mantenerse como uno de los autores más coherentes e irredentos que le quedan al cine, al europeo en particular.
Es Loach un tipo que concibe el cine para zurrar a la sociedad por sus lacras, sus injusticias y su mirar hacia otro lado, al tiempo que se compromete con los de abajo, esa clase obrera que aquí opta por una conclusión que lo aleja de sus amargos discursos anteriores y sin por eso renunciar a sus principios. No es hombre de cambiar de opinión, comportamiento ahora tan de moda, ni coincide con Groucho Marx en su famoso aserto: «Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros».
En el caso de Loach sus principios siguen siendo los mismos, pero aquí, en El viejo roble, rebaja el tono para, quizá, llegar más lejos y advertir del crecimiento de la xenofobia entre la ya puteada clase obrera que, alentada por el facherío, ve cómo la crisis los induce al rechazo al migrante, representado en el filme en una comunidad siria que huye de la guerra y se refugia en Durham, ciudad al norte de Inglaterra castigada por la debacle minera de los años 80. El propietario del pub (encarnado por Dave Turner, un currante al que el director británico convirtió en actor en dos títulos anteriores) que da título a la cinta se implica con los refugiados y eso le traerá problemas.
Quizá Loach y Laverty sean de piñón fijo en su insistencia por sacarnos los colores, pero lo cierto es que su cine es hoy más necesario que nunca por su querencia por la realidad, aunque en su apuesta por la esperanza prefieran redondearlo casi como un cuento de hadas. Y es que de haber tirado de maniqueísmo, la película habría resultado anacrónica, muy vista. Con todo, conserva su sello autoral desde su apego al realismo y al género documental. Muy bienvenida una obra así.
«THE OLD OAK»
Gran Bretaña, Francia. 2023.
Dirección: Ken Loach.
Guion: Paul Laverty.
Música: George Fenton.
Intérpretes: Dave Turner, Ebla Mari, Debbie Honeywood, Andy Dawson, Trevor Fox, Laura Daly, Reuben Bainbridge, Jordan Louis.
Drama.
110 minutos.