El descubrimiento del tornaviaje convirtió un océano sin retorno en la autopista del comercio global
15 oct 2025 . Actualizado a las 12:52 h.El 27 de abril de 1521 Fernando de Magallanes muere en la isla filipina de Mactán como consecuencia de las heridas sufridas durante el enfrentamiento contra la tribu de Lapu-Lapu. La expedición, que había sufrido todo tipo de calamidades, se quedaba sin su capitán general un año y ocho meses después de su partida desde España.
De los 239 hombres que salieron a bordo de las cinco naves desde Sanlúcar de Barrameda con la misión de completar la primera vuelta al mundo, solo quedaban en aquel momento unos 120 hombres y dos barcos. Como no había suficiente personal para las tres embarcaciones, decidieron quemar una de ellas: La Concepción. Después organizaron dos grupos, uno para cada nave. Gómez de Espinosa comandó La Trinidad y Juan Sebastián Elcano La Victoria. Quedaba por resolver un problema vital que tenía dos soluciones, pero ninguna de ellas precisamente buena. Había que decidir la ruta de regreso a España.
Si la tripulación optaba por cruzar el Pacífico hacia América se encontraría con los alisios en contra. Probablemente morirían todos en el intento. Por otro lado, navegar hacia el oeste significaba adentrarse en territorio portugués. La probabilidad de ser capturados era muy alta.
Espinosa confió en poder cruzar el Pacífico mientras Elcano entendió que esa era una empresa imposible y prefirió tomar el riesgo de navegar por aguas portuguesas. Los destinos de ambas tripulaciones se separaron.
La Trinidad luchó contra los alisios durante meses, pero Espinosa y sus hombres, víctimas del agotamiento decidieron volver a las Molucas. Mientras, La Victoria de Elcano consiguió atravesar el Índico esquivando temporales y a sus enemigos portugueses. Llegaron a España el 8 de septiembre de 1522, completando la primera vuelta al mundo.
Sin embargo, la mayor hazaña en la historia de la navegación había dejado un asunto sin resolver: la cuestión de cómo cruzar el Pacífico desde Asia hacia América.
Años después, se organizaron nuevas expediciones para asegurar la ruta comercial hacia las Molucas a través del océano más grande del mundo. Una de ellas corrió a cargo de García Jofre de Loaysa. Fue un fracaso en casi todos los sentidos. No cumplió ninguno de sus objetivos, los hombres cayeron presos en manos de los portugueses y Juan Sebastián Elcano falleció durante el viaje.
Uno de los integrantes de esta expedición fallida era un joven marino llamado Andrés de Urdaneta. Pasó años en las Molucas como prisionero, aprendiendo las lenguas indígenas, observando al Pacífico y estudiando las rutas marítimas portuguesas mientras trataba de responder a la gran pregunta: ¿cómo se puede cruzar el océano hacia América?
Muchos años después, Felipe II buscaba la manera de consolidar sus dominios en el Pacífico. Para entonces, la cuestión fundamental era resolver la incógnita del regreso. El rey español le encomendó esa tarea a aquel joven que había sido capaz de sobrevivir al cautiverio de los portugueses. Urdaneta aceptó el reto.
El 1 de junio de 1565, Urdaneta zarpó desde el puerto de Cebú (Filipinas) en la nao San Pedro con una pequeña tripulación. Llevaba instrumentos de observación, aunque lo más importante era lo que tenía en mente: una idea sencilla, pero brillante. Si los alisios empujan siempre hacia el oeste, más al norte deberían de existir vientos que soplen en la dirección contraria. Así que lo primero que hizo fue alejarse de las aguas ecuatoriales. A medida que ascendía y se acercaba a Japón, a una latitud por encima de los 40 grados, empezó a sentir el impulso hacia el este.

Urdaneta había conseguido exactamente lo mismo que Cristóbal Colón setenta años antes, desvelar la existencia de un sistema de circulación del aire semipermanente que sopla hacia el oeste en los trópicos y hacia el este en las regiones templadas. Con aquel viento a favor, el San Pedro cruzó el océano en una travesía de unos cuatros meses y llegó a Acapulco en octubre de 1565. Había descubierto el borde norte anticiclón del Pacífico igual que Colón descubrió el de Azores. Y al hacerlo encontró el camino de regreso, el tornaviaje, la ruta que hizo posible el Galeón de Manila y unió Asia y América durante siglos.