Después de veintiún años presentándose sin éxito, Valdesoto fue distinguido con el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias 2025
25 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El martes 2 de septiembre de 2025 pasará a la historia reciente de Valdesoto, parroquia del concejo de Siero, como el día en que la constancia hizo justicia. Después de veintiún años presentándose sin éxito, esta pequeña comunidad de unos 1.800 vecinos fue distinguida con el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias 2025, otorgado por la Fundación Princesa de Asturias.
Este galardón reconoce públicamente lo que los valdesotenses han construido con paciencia, asociacionismo y orgullo local, pero también plantea retos para mantener el impulso que ha generado.
Desde fuera, Valdesoto puede parecer uno más de esos pueblos asturianos con hórreos, paneras, capillas, fiestas tradicionales. Pero desde dentro su singularidad se ha ido cimentando a lo largo de décadas gracias al tejido social, la implicación vecinal, el rescate de tradiciones y una voluntad de mejorar lo propio sin esperar grandes subvenciones externas. El jurado del premio lo resume bien: «compromiso y esfuerzo colectivo», «mantener vivas y potenciar tradiciones ancestrales que transmiten de generación en generación».
Valdesoto está compuesto por 14 núcleos de población repartidos en una parroquia cuya población vive de distintas actividades: campo, minería, industria, servicios. A pesar de los desequilibrios que suelen acompañar a las zonas rurales en Asturias —envejecimiento, dispersión, amenazas de despoblación— Valdesoto ha trabajado mucho para que esto no se refleje solo en sus estadísticas, sino que la vida comunitaria tenga pulso vivo. Asociaciones culturales, deportivas, folclóricas, de ocio, medio ambiente, gastronomía —más de treinta colectivos— organizan actividades regulares que llenan el calendario del pueblo, promueven encuentros y mantienen vivas expresiones que, en otros sitios, estarían desapareciendo.
Este galardón reconoce lo que los vecinos han construido con paciencia, asociacionismo y orgullo local
Son precisamente algunas de esas expresiones culturales tradicionales las que el jurado ha destacado: los Sidros y les Comedies, representaciones con origen popular, de carácter festivo, con componentes de crítica social, mascaradas de invierno, junto con el desfile de les Carroces, una carrozada tradicional que cada año moviliza a muchas personas en su elaboración. Estas fiestas no son solo espectáculo: son hilos que conectan generaciones, que fortalecen el sentido de comunidad, la transmisión intergeneracional de identidad y costumbres.
También ha pesado mucho el patrimonio arquitectónico, los espacios naturales, las sendas, las fuentes recuperadas, los caminos antiguos, capillas, hórreos y paneras bien conservadas o restauradas. No se trata solo de lo festivo, sino de lo cotidiano: recuperación de patrimonio olvidado, fuentes, caminos, construcción de un centro de salud con colaboración vecinal, creación de espacios para pasear (una senda peatonal que recorre el pueblo mostrando fuentes conservadas) y recuperación de espacios naturales alrededor.
La perseverancia fue otro factor decisivo. Valdesoto no se rindió durante más de veinte años presentando su candidatura al Premio al Pueblo Ejemplar. Cada año aspiraban, acumulaban experiencia, corregían lo que hacían —no para «crear algo» solo por el premio, sino para hacer crecer lo que ya estaban haciendo. Esa trayectoria fue parte del valor con el que finalmente les reconocieron.
¿Qué significa para Valdesoto este premio? Primero, reconocimiento institucional: ya no solo se celebra localmente, sino que la Fundación Princesa de Asturias deposita en ellos la mirada del Principado. Será la parroquia premiada que el sábado reciba la visita de los reyes, de la princesa Leonor y la infanta Sofía, un evento que pone al pueblo en el mapa.
Segundo, una bocanada de motivación para reforzar lo que ya se ha hecho: mantener vivo el asociacionismo, mejorar instalaciones, cuidar patrimonio, seguir con las fiestas, implicar a los jóvenes. Muchas de las declaraciones de vecinos apuntan a que lo emocional pesa tanto como lo práctico. Manuel Hevia, de 86 años, quien presentó la primera candidatura en 2005, decía que ya no contaba con vivir para verlo, pero que verlo era una alegría inmensa.
Sus fiestas populares no son sólo espectáculo: son hilos que conectan generaciones
Este sentir patriarcal (con el «padre fundador» casi) resuena en otros testimonios: Santiago, jubilados, jóvenes, asociaciones están felices porque sienten que el trabajo de muchos años no fue en vano.
En tercer lugar, un empuje territorial y turístico posible: que más gente conozca Valdesoto, que lo visiten. No como mero «museo de lo tradicional» sino como pueblo vivo que experimenta su cultura, que tiene actividades, que está organizando cada año, no solo en agosto sino en todo el año. Algunos vecinos esperan que haya más visitantes, que esto traiga alguna mejora en infraestructuras, servicios, promoción cultural.
Pero no todo es celebración; junto a las alegrías emergen también los desafíos, los riesgos y las preguntas de qué viene ahora. Haber sido Pueblo Ejemplar no garantiza que los problemas cotidianos desaparezcan: el envejecimiento poblacional, la dispersión rural, la necesidad de servicios de salud, transporte, mantenimiento de vías, conectividad, empleo, siguen siendo realidades en el día a día.
En los discursos tras conocerse el premio aparece el orgullo, sí, pero también la responsabilidad. Como dijo el alcalde de Siero: que el premio no quede en «un bonito recuerdo» sino que sirva para que Valdesoto siga siendo ejemplar muchos años más.
Otro riesgo es que la fama lleve a la complacencia o al turismo pasivo: gente que visite para ver «lo pintoresco» pero sin implicarse, sin consumir local, sin integrarse o respetar las costumbres. Una exposición más mediática también puede traer presiones para adaptar tradiciones a lo que «vende» más, perder autenticidad. Algunos vecinos ya hablan de «poner todo lo bonito» para la visita real, ajustar los eventos para estar a la altura, lo que siempre implica un esfuerzo extra.
También hay una brecha generacional a cuidar: transmitir tradiciones implica involucrar a los jóvenes, pero algunos actos son densos, antiguos, costosos. Que haya relevo cultural, que quienes nacen ahora tomen interés, que no lo vean como algo impuesto sino algo propio. Valdesoto parece estar consciente: una de las razones de haber sido premiado es justamente ese aspecto, que lo tradicional no ha quedado en los mayores sino que los jóvenes participan en carrozas, en sidros, en las comedias.
En los discursos tras conocerse el premio aparece el orgullo, sí, pero también la responsabilidad
En sus voces, lo que se escucha es mezcla de alivio, orgullo, emoción y exigencia. Emoción porque «por fin» ha llegado ese momento largamente esperado. Orgullo porque sienten que el trabajo de muchas manos —jóvenes, mayores, asociaciones— ha cuajado en algo reconocible. Al mismo tiempo, exigencia: que no se pierda lo logrado, que no decaiga la ilusión, que este reconocimiento sirva para mejorar, para abrir puertas.
Queda por ver cómo Valdesoto aprovechará este impulso. Tendrá que enfrentarse a la gestión de expectativas: ¿Qué mejoras concretas se impulsarán? ¿Habrá apoyo institucional más allá del reconocimiento simbólico? ¿Cómo mantener vivas las fiestas, las tradiciones, sin que se conviertan apenas en espectáculo para visitantes? ¿Cómo garantizar que los jóvenes que se alejan regresen o mantengan vínculo? ¿Cómo conservar el entorno natural, los caminos, las fuentes, que muchas veces requieren fondos, mano de obra, voluntad sostenida?
Pero lo cierto es que, este 2025, Valdesoto ha escrito una página muy importante de su historia. Un hito que confirma que sí, que los pueblos se sostienen no solo con paisaje, sino con comunidad, con memoria viva, con gente dispuesta a trabajar todos los días: restaurando fuentes, recuperando capillas, construyendo espacios propios, organizando carrozas, manteniendo tradiciones como sidros, comedias y carroces. Ha ganado el premio, pero lo que ha demostrado es que el premio ya lo tenía en su manera de vivir.
Valdesoto como Pueblo Ejemplar de Asturias 2025 representa la coronación de un esfuerzo colectivo largo, la validación de que lo rural no tiene que resignarse, de que las identidades locales pueden ser fuertes sin cerrarse en sí mismas, de que la cultura popular, las tradiciones, el patrimonio material e inmaterial y el asociacionismo son fuerza para construir presente. Que el premio sirva para continuar, para que otros pueblos vean que perseverar vale la pena. Y que Valdesoto siga siendo ejemplar no solo en un día señalado, sino en todos los días que están por venir.